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Inicio / Cuenteros Locales / mariomatera / El arma del Sol

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Los aliados han desembarcado en Normandía y presiento su avance hacia París. Estoy en mi refugio de Berchesgaden y he decidido encontrar un consuelo a mi aflicción en la música que más amo: la de Wagner. Los acordes de "La cabalgata de las walquirias", "Los murmullos del bosque" y "La entrada de los dioses en el Walhalla" me permiten huir de la realidad. Luego de un rato, salgo de mi refugio y veo el sol tramontar sobre el horizonte. Al tiempo que me deleito ante el crepúsculo, tengo una extraña visión: un platillo volador de forma circular con la parte superior semiesférica desciende cerca del lugar donde me hallo. Perplejo, sigo observando el descenso de la nave. Al aterrizar, bajan unos extraños seres de pequeña estatura, ojos ligeramente oblicuos, una protuberancia en forma de nariz y boca pequeña. Completamente dominado por el asombro, percibo que se comunican telepáticamente conmigo. Me dicen:
-Venimos del planeta Marte y sabemos que acá se está librando una guerra mundial y que usted está llevando la peor parte. Venimos a ofrecerle un arma de mucho poder que puede cambiar el curso de la guerra.
-Me gusta el nombre de vuestro planeta -le contesto. Marte es el que me guía. Acompáñenme, en mi refugio hablaremos con mayor tranquilidad.
Ya nuevamente en el búnker, retomamos la conversación.
-Me habéis hablado de un arma mortífera, ¿cuál es su nombre?
-Se llama el Arma del Sol. Es una plataforma espacial desde la cual vuestros hombres podrán disparar proyectiles teledirigidos.
-Acepto vuestro ofrecimiento -respondo- me gustaría que me proporcionéis dicha arma a la brevedad.
Terminada la conversación los seres extraterrestres retornan a su nave para volver al planeta rojo satisfechos de que su plan para destruir a la humanidad estuviera en marcha.
Una dicha inmensa me invade, la ayuda marciana llega en el momento indicado. Para mí son una especie de superhombres.
El ingeniero aeroespacial Werner Von Braun había construido las bombas B1 y B2. Los aliados mediante su sistema de espionaje conocían los posibles sitios de lanzamiento y los estaban destruyendo.
Como habíamos convenido, los hombres de Marte regresan a la Tierra. Me comunican que el Arma del Sol ya está en posición de ataque. Les doy grandes muestras de agradecimiento tras lo cual regresan a su planeta.
Ordeno a mis hombres lanzar las bombas de Von Braun desde la plataforma espacial marciana. Las primeras cayeron sobre Londres el 8 de septiembre de 1944 y las últimas en 1945. Pero el Arma del Sol no pudo cambiar el curso de la guerra porque la Historia ya había hecho su elección y me fue desfavorable: creí tener a Marte a mi lado durante los primeros años pero hoy veo la triste verdad: estoy solo y desprotegido.

Texto agregado el 05-07-2017, y leído por 34 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2017-07-06 01:30:19 Lástima que no recordaran el poder del amor... MarceloArrizabalaga
 
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