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Inicio / Cuenteros Locales / Gnomono / LA INTENSIDAD DEL ROJO

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LA INTENSIDAD DEL ROJO

En el ajetreo de una estación de trenes, Any se mantiene imperturbable. Como de costumbre –inmersa en su torrente de emociones desbocadas–, es incapaz de atender a la realidad.
Hace un año la encontraron golpeada, sucia y desorientada. Aún hoy, no tiene recuerdos de los tres días anteriores a su rescate, durante los cuales debió ocurrir la tragedia. A su amnesia histérica se le suma un extraño síntoma, parecido al visto en algunos veteranos de guerra, aquéllos que por traumas emocionales severos son incapaces de ver el rojo, pues sus mentes sustituyen por negro, el color de la sangre en sus bélicos recuerdos. El caso de Any es más desolador… ¡TODO lo ve en blanco y negro! A pesar de los intentos con hipnosis o con amital sódico, no han podido descubrir el terrible suceso enquistado en su memoria que le hace renegar de un mundo de color.
Súbitamente, recuerda que olvidó el pasaporte en su cocina. Resignada a su perenne distracción, emprende el retorno a casa, sin molestia alguna. Se dirige a la salida... ¡hasta que un globo con forma de corazón acapara su atención! Lo mira allá lejos, abandonado en una de las bancas del andén. ¡Corre hasta el objeto que la seduce! En el atestado pasillo se enfrenta a empujones e insultos que la hubieran abatido hace tan sólo unos segundos. Any se detiene a una distancia prudente del juguete ajeno. Controla su ansiedad por cogerlo, por tocarlo, por olfatearlo. No quiere llamar la atención, al coger algo que no le pertenece. El corazón está en la única banca vacía. Pareciera que los transeúntes, aun los más cansados, respetaran aquel ámbito para no interferir con una posible historia de amor. Algunos, incluso transitan con la misma cautela y morbosidad que ante la escena de un crimen.
¡Any coge el corazón! Es de un metro de ancho y sólo un poco mayor de largo, tiene unos quince centímetros de grueso, no es de los que vuelan. Es un globo bonito, pero para Any es maravilloso, es increíble. . . ¡es rojo! Olfatea, acaricia y contempla su nuevo tesoro. A pesar del estupor por tener su único color caliente entre las manos, hace un gran esfuerzo para hurgar en sus recuerdos algún corazón, algún globo, ¡algo rojo! Al regresar de aquel carnaval de quimeras –un pasado mucho más gris e incierto que su decantada realidad–, ve que de tanto recorrer los bordes cortantes del globo, sus dedos ya manan sangre negra. Gira el globo y encuentra un mensaje cursi: “Siempre te amaré”. ¡Entonces regresan los colores en tropel, acarreando los recuerdos de esos tres malditos días!
¡Any se derrumba con gritos, llantos y ofensas! ¡La gente hace un círculo a su alrededor, cual si fuera un evento gitano de la plaza Dam! Nadie se acerca a la agresiva joven. Un japonés toma fotografías, un mexicano enrojece de pena ajena, un alemán llama a un policía. Cuando Any deja de patalear, queda paralizada. Unos enfermeros la suben a una camilla. Truenan los dedos frente a sus ojos, le hablan, le aplauden; creen que está en shock. Es inútil, ella sabe bien todo lo que ocurre, mas sólo le interesa enfocar su seca mirada en el cielo nocturno, con la intención de sumergirse en la oscuridad… otra vez.


Texto agregado el 03-09-2017, y leído por 106 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2017-09-04 15:02:48 Muy bueno.. me dejó sumergida en interrogantes, pero... sheisan
2017-09-04 00:36:59 Buenísimo, a mi juicio. Saludos! Curufmapu
 
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