La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Gnomono / Los hábitos de la parafina

 Imprimir  Recomendar
  [C:581856]

LOS HÁBITOS DE LA PARAFINA

Por la señal de la Santa Cruz. Buenas noches, Señor Dios Padre Todopoderoso, otra vez tu miserable sierva, Sor Petra Jerez Celochitl, se hinca ante ti.
Perdóname, pues he pecado, igual que cada día, desde los 17 años con los que entré a este claustro. Ya son 20 años protegida de la sevicia y la lascivia del mundo; sin embargo, Padre, sigo pecando.
Tú me ves en todo momento, aún así, siempre me apenará decírtelo: me sigo... tocando con las velas. No podría ver el ofertorio, rodeado de esas ceras, si no fuera porque jamás me toco con las velas una vez bendecidas.
El padre Don Justino conoce bien mi debilidad, pues en confesión me pide que le cuente cada detalle de mis momentos pecaminosos. Hace un mes, en el confesionario, me preguntó si también lo hacía con los cirios de la pila bautismal. Al decirle que sí, contestó con una voz tan fuerte que hasta escucharon las hermanas que esperaban turno para confesarse: ¡apoco con el grandototote!.
En cuando salí les dije a todas que me confesé por gula, y que el Padre Justino se refería al salchichón español de la despensa. Lo hice, porque aquí he aprendido que el Diablo controla la imaginación. A pesar de mi aclaración, desde aquel día, nadie ha comido de ese embutido.
Dios, perdóname, porque confesarme con el padre Justino despierta en mí pensamientos lujuriosos. Sé que tú iluminas al padre durante la confesión, por lo que me siento doblemente culpable.
Señor, tu conoces mis pensamientos, así que voy a atreverme a decirte lo que ya sabes: Ya no quiero llorar, ni sentir este nudo en la garganta, o este calor en mi cuerpo. ¡Quiero arrancarme el hábito y salir del convento! Correr desnuda y vulnerable para que algún buen hombre vea mi desesperación. Me sujete con sus musculosos brazos, me lleve a su cama y me... ¡penetre! ¡Sí! ¡Deseo quedar tan húmeda y temblorosa como si por fin hubiera vuelto a nacer! ¡Despertar abrazada a él! ¡Ver el convento enrojecido por el alba! ¡Imaginar que se incendia hasta las cenizas! ¡Me retorcería entre las cobijas, como puerca en chiquero! ¡Armada con mis tripas justicieras y mi sonrisa blasfema!
¡Señor, veinte años rezando la Lectura de las Horas! ¡Veinte años rezando por gente más feliz que yo!
Perdóname, Padre mío, no debí hablarte en esa forma. Hace mucho tiempo que debí colgar los hábitos, mas tú y yo sabemos por qué sigo aquí: soy una atrofiada social. ¡No soy capaz de enfrentarme a ese Mundo tan malvado!
¡Perdóname! Guíame Jesús y seguiré tu camino, pero no te alejes de mí.
Señor, te pido por el Padre Justino, pues ayer él hizo las compras y trajo cirios aún más grandes. Te pido por él y perdóname a mí, que soy la que lo hace pecar.
Amén.

Texto agregado el 13-09-2017, y leído por 95 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2017-09-14 07:01:58 Si esa era Sor Petra, ya me imagino a Sor Rita y a Sor Raimunda. eRRe
2017-09-13 19:37:36 Se le olvidó el cirio pascual. ¡Qué pecadora más descuidada! (5*) -ZEPOL
2017-09-13 15:32:05 Jajajaa...ay, me hizo reír hasta que me puse en su lugar. Excelente relato! MujerDiosa
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]