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Inicio / Cuenteros Locales / cafeina / Aurora

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Aurora


Sólo las mujeres casadas con otros hombres podrían tener el oleaje de la tía Aurora.
Ese día llegué tarde. Aurora apenas había fallecido y me miraba sin importarle ya nada, detrás de sus ojos opacos. Toqué su frente murmurando algún resentimiento que ahora no recuerdo.
Su piel me devolvió el estremecimiento de mi infancia, cuando me fascinaban sus pechos.
Casi me desmayaba en los cumpleaños familiares cuando se inclinaba luciendo la ventana increíble de su escote.
Estiraba mis manitos pidiéndole que me alzara, para naufragar en su oleaje tibio y suave.

Cuando mis manos crecieron lo suficiente, intenté espiarla mientras se cambiaba la ropa, durante un verano agobiante de playa y chicharras cantoras de mediodía.
Una tarde volvimos riendo, sacudiéndonos la arena. Estábamos solos y sin darse cuenta, se quitó la ropa para cambiarse.
Dejó el traje de baño sobre el sillón de ratán, buscó una toalla y se volvió con total inocencia para pedirme algo.
A mitad del giro comprendió que ya no podría girar hacia el otro lado, para evitarme el perfume de las mujeres casadas.
Después de su muerte dejé de buscar en las camas ajenas, porque ninguna me devolvió aquella tarde de arrepentimiento y desarraigo.


-.-.-


Hacía poco que había puesto en venta la casa de la playa. Fui hasta la arena para recordar, caminando cerca del mar.
Fue cuando recibí la llamada. La tía Aurora tuvo un ataque, vení rápido, nos parece que se muere.
Volví lo más rápido que pude, repasando en el camino la lista de las mujeres que conocí en mi vida.
Aurora estaba en su cama, pero no lo sabía. Aurora ya no recordaba nada.
Pedí unos minutos a solas. Cerré su habitación con las pesadas puertas de madera tapizadas de bordados y cortinas con encajes.
Me senté a su lado, acomodé unas postales desteñidas sobre la mesa de luz y le conté aquella tarde.
Enumeré los detalles que no conocía, porque no los preguntó cuando salió para siempre de mi vida, yéndose a morir lo más lejos que pudo.
Le conté de los amores prohibidos, todos ellos.
Le di el nombre de las mujeres que esperé de costado, ansiando ver en su giro desnudo los ojos de Aurora.
No se sorprendió cuando le dije que había espiado a mujeres mayores, ya sabía que había sido la primera.
Me interrumpieron cuando ya había terminado. El silencio entrelazaba nuestras manos.
Creo que los labios de Aurora sonreían.

Texto agregado el 14-09-2017, y leído por 342 visitantes. (35 votos)


Lectores Opinan
2018-02-16 13:55:27 El silencio entrelazaba nuestras manos... beriter
2018-01-25 07:01:32 Te acompaño en el sentimiento. En mi caso no se llamaba Aurora pero... ¡Que tía!. Muy bueno. Saludos, Carlos. carlitoscap
2018-01-01 18:57:34 Ese -.- es un tipo de emoticon o refiere a puntos suspensivos, un trayecto de la historia sin fin, es interesante leer tu texto, y la muerte que siempre llega, loammi
2017-12-31 17:35:50 muy buen texto, tuviste suerte, mis tías no fueron agraciadas. cheseret
2017-11-25 01:05:44 había escrito una pasada llena de teorías conspiranóicas y esta páginucha de mierda me saca en rojo un letrero diciendo que el comentario es muy largo pero no guarda parte ni nada, solo queda en blanco esta casillita de mierda que tanto he odiado. DAENERYS
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