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Inicio / Cuenteros Locales / justina1111 / Lo que menos pensaba

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Lo que menos pensaba…
Era un sábado cualquiera. Después de la ajetreada y recién estrenada rutina de trabajo (estaba recién graduada de la Facultad y acaba de conseguir empleo), los sábados era un día en los que vagaba por la casa de aquí para allá sin nada que hacer o solo haciendo lo que me viniera en gana.

Debía poner a lavar mi ropa para la semana próxima, si tenía que comprar algo iba. Me acicalaba: me pintaba las uñas, me lavaba el cabello…todo esto disfrutando de la lentitud que solo puede darte el saberte libre de tener que ir al trabajo.

Ya para la noche tenía planes de salir con mis amigas. Eso ni me emocionaba. Como que estaba cansada de salir a lo mismo. Nos juntábamos en cualquier pub y luego a la disco. Y por más que más, era rutina. Siempre los mismos amigos, nadie interesante. Esto me traía enferma: El tedio.

Sentía un vacío que no me explico. Casi todo me daba lo mismo. Después de empezar a trabajar y enfrentarme al mundo real, por decirlo de una forma, todo era diferente. El ajetreo, el levantarme temprano, el cumplir las obligaciones con el jefe. ¡Dios! ¡Menos mal que existían los fines de semana, pero hasta eso! Todo estaba cayendo en una rutina…plop… plop…plop..era como gotas grandes cayendo en un charco. Se amontonaban una tras otra.

Llegó la noche y me reuní con Lucia, Carola, Marga y Lili. Después de los saludos, hola por aquí, hola por allá. Nos sentamos en una mesa. Allí empezamos las rondas de bebidas. Lo mismo de siempre, la misma gente, todo igual.

Al fin nos fuimos a la disco. Yo llevaba una mini blanca y un top pegado a juego color blanco. Entramos. El lugar estaba repleto. No cabía un alfiler. A puros empujones nos fuimos abriendo paso entre la multitud. Muchas luces, gente bailando por todos lados. Seguíamos avanzando.

Queríamos llegar al bar, que estaba en el fondo, para pedir bebidas. Y ahí lo vi. No era de mi edad, eso fue lo primero que pensé. Era mucho mayor que yo. Por lo menos por 10 años o 15 años. Yo tengo 23. Esa mirada me atrapó. No era una mirada tierna. No. Era una mirada depredadora, distinta a las que solía recibir. Esta me evaluaba de arriba abajo. De repente sentí un tirón. Lili me agarraba del codo, “¿Pero ¿qué te pasa?”, Ven Sandra, que te estás quedando atrás como idiota!”, volteé enseguida y seguí caminando por el apremio de Lili.

Cuando al fin llegamos al bar, ordenamos las bebidas y al rato las tuvimos en frente. Disimuladamente me puse a buscar al tipo ese. No tuve que buscar mucho. El tipo me estaba mirando. De nuevo la mirada fuera de lugar. Yo decidí no bajar la mía y nos quedamos viendo el uno al otro por lo que pareció un siglo, pero probablemente fueron unos segundos.

De repente él se dio la vuelta, camino hacia fuera del bar. No sé por qué, pero les dije a mis amigas, “ya regreso”. Y salí detrás del él.

Cuando llegué fuera, estaba inclinado sobre una de las paredes, medio oculto.

Caminé hacia él. Le dije, “Hola”. Y lo que salió de su boca a continuación me dejó estupefacta: “¿Cuánto cobras?” Yo me quedé tiesa como un palo. Logré articular un “¿Cómo dices?” y volvió a responder: “¿Qué cuánto cobras, muñeca?” Lo miré de nuevo. ¡Me estaba confundiendo con una prostituta!! ¡Yo no lo podía creer! No sabía su caerle a golpes, insultarlo, las dos cosas…pero luego lo miré y no sé por qué diablos en cuestión de segundos decidí que sí. Que si estaba dispuesta a irme a la cama con él porque me gusta… “¿por qué no entonces si me paga además? Entonces le respondí: “¿Cuánto me ofreces?” Y acepté.

Llamé a mis amigas y les dije que no regresaría.

El Domingo, tarde, cuando desperté, tenía, algo raro, una especie de resaca moral cambiante. El primer síntoma fue que no quería abrir los ojos y enfrentarme a mi misma. Sentía un profundo desprecio. Un asco infinito. Quería dar vuelta atrás y no haberme ido con ese tipo. Me sentía sucia, más vacía que antes. Al fin abrí los ojos. Y m paré de la cama a mil, me fui derecho a la ducha. Me metí debajo del grifo, y comencé la labor de tratar de limpiar mi alma limpiando mi cuerpo. Cosa inútil., pero seguí en ello por un tiempo largo. Castigué mi piel como si fuera la culpable de lo que hice. Me restregué una y otra vez tratando de exorcizar el demonio del arrepentimiento. Así fue cambiando mi resaca moral. Cuando salí. Seguí con la tortura mental. Daba vueltas atrás pensando ¿porque lo hice? ¿Como yo, con unas raíces como la mía podría haber caído tan bajo? Al final me di por vencida. Nada de lo que pudiera hacer iba a cambiar lo hecho. Luego pase días y días pensando en eso de a ratos. Como yo había reaccionado a cada momento. Al cabo de más días, seguía dándole vueltas desde otro ángulo. Ya no sentía esa culpa tan grande, pero no podía dejar de analizarlo de cuando en vez.

Como a las dos semanas más tarde, regresé a la casa del trabajo, cansada. Y encontré a mi madre sentada en la sala, frente al televisor. Mi madre. De 71 años. Ejemplo de virtud. Colabora en la Iglesia. Va a misa todos los domingos. Nunca la he oído decir una mala palabra. Mi padre, al lado, jubilado. 76 años. Trabajador como él solo. Los saludé a los dos y fui de camino a mi habitación, mientras pensaba que ¡jamás, jamás podría yo incurrir de nuevo en semejante insensatez! Yo no le podía hacer eso a mis padres. Por todo lo que habían hecho por mí. Su forma de vida.

Sonó el teléfono. Era para papá. Le pasé la llamada.

Entonces…ahí sí. Era el ex- jefe de trabajo de mi papa. Y recordé cómo le ponía todo más difícil a mi papa sin ningún motivo. Sin más lo decidí: que prefiero ser puta. Prefiero joder por dinero que andar jodiéndole la vida a la gente de gratis.

Será cuestión de puntos de vista.

Actualmente me encuentro en transición de profesiones.

Texto agregado el 07-10-2017, y leído por 90 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2017-10-08 01:25:48 Ahhhh... Un texto diferente. Alejado de la moralina acostumbrada. Me deja pensando... Cinco aullidos depredadores yar
2017-10-07 21:25:19 Interesante tu historia, es testimonial por que lo cuentas con tanta naturalidad que parece que lo viviste. Solo del punto de vista lieterario se siente como cuando cuentas una aventura a una amiga. Pablishus
2017-10-07 13:42:07 Buena la historia, cruda y bien escrita. remos
2017-10-07 13:24:40 Bueno!!, esa primera vez me parece más un asunto de picardía -de matar dos pájaros de un tiro-. Ja, ja... ****** grilo
 
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