La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / gsap / Salú pué.

 Imprimir  Recomendar
  [C:583811]

En la época universitaria, mi amiga Matilde y yo, solíamos irnos de copas, recorriendo distintos bares del puerto, de éso ya han pasado veinte años... ¡cómo pasa el tiempo!
Matilde es de esas amigas con las que nos miramos y sabemos inmediatamente qué le sucede a la otra... muchas veces, las palabras sobran.

Los bares de los barrios puerto tienen un encanto especial: en la barra siempre hay un anciano ebrio que pasa desapercibido pero sin embargo ni está tan ebrio, ni hay que dejar de verlo porque es muy importante, pero me estoy adelantando demasiado. Los manteles de las mesas tienen manchas añejas y mas de algún agujero debido al lavado diario. El cantinero, siempre lleva un trapo en la mano, con él limpia y limpia el mesón. Los vasos, lejos de ser resplandecientes, tienen al menos un par de huellas digitales, debe ser por éso que muchas veces es mejor tomar cerveza directamente desde la botella. En la mesa del fondo suele haber un grupo de hombres ya mayores que juegan incesantemente al cacho o al dominó y aunque suelen estar muy concentrados en el juego, nunca dejan de estar al pendiente de cada persona que entra o sale del bar. También hay un rincón con botellas de plástico, rojas y amarillas, las que son rellenadas una y otra vez, sin jamás ser lavadas, con ají y mostaza respectivamente.

Nunca habíamos entrado a ése bar en particular. Como siempre, al llegar saludamos a todo el mundo con un cordial "buenas noches", pedimos una jarra de vino y comenzamos a verborrear de lo humano y lo divino con mi querida amiga, intentando arreglando el mundo, como solo es posible hacerlo a los viente años e intentando responder las preguntas universales.

De tanto en tanto, el señor ebrio que estaba apoyado en el mesón de entrada, me miraba y levantaba su vaso en signo de hacer un brindis, a lo cual yo respondía con una sonrisa alzando mi vaso, todas las veces que fuera necesario.

La noche comenzó a avanzar, de pronto, un par de tipos que nos doblaban la edad, se acercaron y nos invitaron a bailar, mi amiga y yo nos excusamos y ellos siguieron insistiendo. De un momento a otro, uno de los tipos, que estaba bastante bebido, comenzó a ser muy molesto.
En un segundo, el señor que estaba en la barra "ebrio" llegó a nuestro lado y dijo:

-A ver, a ver, qué pasa con las señoritas -los tipos que estaban jugando cacho al fondo del bar se pusieron de pie y el cantinero se acercó. -A ellas, nadie me las molesta- sentenció.

Dicho aquello, los dos tipos lo miraron con respeto y contestaron: "sí tata, disculpe", acto seguido hicieron lo mismo con nosotras y se fueron a sentar tranquilamente en una mesa.

Ambas agradecimos. El "borracho" que no era tal, tomó mi mano y la besó gentilmente diciendo:

-Juan Espinoza pa servirla, mi dama, ¿cuál es su gracia?
-Mi nombre es Paula, don Juan, le agradezco mucho su gentileza.
-Cualquier cosa, usté dice que es amiga del tata y no va a tener ningún problema acá en el barrio.
-Muy amable, don Juan, muchas gracias.

Matilde y yo, pedimos otra jarra de vino, tinto obviamente y le enviamos de regalo una caña (vaso de vino) al Tata.

Al rato, el Tata, se acercó a nuestra mesa, con una mano en la espalda y la otra sosteniendo un tenedor con una caluga de pescadoensartada (trozo de pescado sin espinas, frito) chorreando mostaza, de ésa mostaza que llevaba cientos de años en la botella de plástico amarillo... ay. Se inclinó hacía mí y dijo: "Disculpe la molestia, Paulita, con todo respeto y cariño para usté".
Mi amiga Matilde esbozó una sonrisa porque sabe que soy escrupulosa y que estaba obligada a comerla para no ofender al Tata.

"Honor que me hace, don Juan, muy amable, gracias", le contesté, tomando el tenedor y zampándome la caluga de pescado... la tragué de una vez intentando no sentir el sabor de la mostaza avinagrada, cosa que obviamente no conseguí.

No sé en qué momento el Tata comenzó a contarnos una historia clásica porteña, tampoco sé en qué momento terminamos juntando las mesas y los señores que jugaban al cacho, junto al Tata, mi amiga Matilde y yo, estábamos riéndo, brindando por la vida y la muerte, por la amistad y el respeto, en medio de relatos, anécdotas, uno que otro poema, payas y rimas para concluir en un "Salú pué" que se sellaba chocando los vasos.

Texto agregado el 26-11-2017, y leído por 0 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2017-11-29 13:37:19 Es un cuento ameno, agradable. Saludos Paula. ome
2017-11-26 22:41:26 Que bonito mi niña!!, yo soy de puerto de Mar y conozco sus tabernas y al Tata (en espiritu, los cuerpos varian según el continente) es un personaje universal, Un besazo grande ELISATAB
2017-11-26 19:15:03 Mi niña...¡qué lindo! filiberto
2017-11-26 16:18:50 Hermoso y humano. Lo que siempre he pensado de ti: eres todo una dama; y el Tata, un caballero. Y sí amiga, era menester aceptar el "refrito". Eso se llama respeto. Un día contaré algo que me pasó en Marruecos. Ufff! Excelente historia, Paula querida. Te abrazo full. SOFIAMA
2017-11-26 16:15:35 Qué bien contada!!. Se ve, se vive y se disfruta ******** grilo
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]