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Inicio / Cuenteros Locales / Bosquimano / 5 La escuela rural

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La Escuela Rural

- Ahora aprenderás a amar a Dios en tierra de indios, -
Dijo el Padre con voz grave, gesto adusto y blandiendo el dedo índice en alto.

Al fin había comprendido que ni las “escuelas de paga” ni la ciudad eran para ese niño montañés y decidió que sus últimos dos años de primaria los cursaría en la escuela rural de su pueblo, allí, repitió, “aprendería a amar a Dios en tierra de Indios” y de paso acompañaría a su Madre, ya que él se iba a otras montañas a buscar campos mineros más productivos, expedición que por cierto duró los mismos dos años que al niño le tomó terminar la primaria.

Esos últimos años de la primaria estuvieron marcados por los contrastes: Por un lado la alegría de estar en casa y por otro lado la tristeza por la ausencia de su Padre. Por un lado la aventura diaria de la expedición a la escuela y por otro lado el aburrimiento derivado de lo elemental de las clases.

Su espíritu inquieto y el pretexto de que un día de tan precarias enseñanzas no representarían ninguna pérdida en su formación académica, hicieron que en muchas ocasiones el niño, en vez de ir a la escuela dedicara su tiempo a explorar caminos y veredas, arroyos y barrancas o, que simplemente al cobijo de un buen árbol dejara volar su imaginación mientras la montaña y sus colores lo observaban y el viento le compartía las cuitas que le contaban las copas de los árboles.

Finalmente un día su Madre se enteró de que a la escuela eran más sus ausencias que sus asistencias y tomó las siguientes acciones: Le retiró la compañía de la mula que utilizaba para trasladarse a la escuela y, diseño un formato en el que día a día debería recabar la firma del maestro, certificando su asistencia a la escuela tanto en la mañana como en la tarde.

Un día después de varios de no asistir a clases su maestro le preguntó preocupado si había estado enfermo o tenía algún problema grave, él le contestó que no, que simplemente había andado vagando por allí.

Más que las medidas administrativas derivadas del sistema de control impuesto por su Madre y el cansancio de las diarias caminatas, una nota escrita por su maestro en la que le decía la tristeza que le había causado su respuesta, hizo que el último año asistiera puntualmente todos los días. Eso logró un buen maestro, se llamaba Odón y los niños le decían “Jodón”.

La escuela, –antes de que a un político se le ocurriera implementar las escuelas de doble turno para duplicar la infraestructura instalada–, era de tiempo completo, se asistía en la mañana, había un amplio intermedio para comer y, se regresaba por la tarde. Los que vivían en el pueblo iban a comer a sus casas, los que venían de parajes o rancherías cercanas llevaban comida y, algún familiar o amigo de la familia les permitía calentarla e ingerirla en su casa.

Desde entonces y hasta ahora, ese niño prefiere comer solo, así que cuando el clima lo permitía en vez de ir a casa de una sobrina de su Madre a calentar su comida, buscaba un lugar tranquilo en el bosque y allí en una mini fogata calentaba su comida y mientras comía soñaba despierto.

En la escuela durante el recreo se jugaba a tres cosas, las canicas, el trompo y los niños que no tenían ni unas ni otro jugaban en la orilla de la barranca simplemente compitiendo a ver quién lanzaba una piedra lo más lejos. Cualquiera que escuchara la algarabía de estos niños supondría que allí se ubicaba el parque de diversiones más excitante del mundo.

El niño montañés no era bueno para ninguna de las tres cosas, así que usualmente se llevaba alguno de los libros de Salgari que tenía y lo leía y releía una y otra vez, si esto hubiera sucedido cincuenta años después lo hubiesen catalogado de “NERD”.

Era otro tiempo, otro lugar y otra cultura. No había Televisión, ni videojuegos, ni computadoras personales, mucho menos Facebook, Twitter o Internet. Los niños inventaban sus propios juegos y patear una lata era más que suficiente para ser feliz.

Texto agregado el 05-01-2018, y leído por 0 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2018-01-06 15:57:45 Interesante relato y bien escrito. Hipsipila
2018-01-05 20:33:01 La tecnología oprime algunas relaciones humanas.Bien redactado. Tejera
 
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