La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Kahedi - 'Carta a un extraño '


Carta a un extraño

Llevo o mejor dicho llevamos cinco días viéndonos. Hemos coincidido en nuestra parada vespertina después de un largo día de trabajo o lo que sea que hagas.

Recuerdo la primera vez que me subí y te vi, ¡ohh! fue lo que mi mente exclamó,
no por tu estilo o tu físico envidiable,
leías, sí, un chico leyendo en un medio de transporte, ese lugar de batallas donde al menos yo quiero huir de los golpes de la gente.

Un chico lector y guapo no se ve todos los días, pensé,
creo que leíste mi mente cuando alzaste la mirada y nuestros ojos chocaron... yo solo, bueno yo solo fijé un punto al vacío...

Aún de pie te veía, rara vez encuentro asiento libre, seguías leyendo con una pasión fenomenal mientras empujones y gritos se oían.

¡Rayos!, quería saber a qué mundo te dirigía aquella lectura. Hasta que vi el libro, interesante pensé; nuevamente regresaste a verme.
Seguro creíste que era una chica rara admiradora tuya.
Te bajaste. Al menos ese día fue entretenido.

Al siguiente día te volví a ver.
El mismo libro.
Me observabas, yo no tanto. Mi mirada al punto vacío otra vez. Te bajaste. Otro día entretenido.

Tercer día de coincidir.
¡Vamos, ya me empezó a dar miedo esto!
O creo que a ti también, la chica rara de nuevo seguro pensaste.

Este día fue diferente empecé a morderme el labio, un tic nervioso involuntario que tengo y que llega cuando pienso en millones de cosas como siempre.

Me miraste, me sonrojé porque no te estaba prestando atención. Ese día no leías.
Te bajaste.

Cuarto día de coincidir.
Llevabas una chaqueta ploma con un sello extraño con letras japonesas. ¡Rayos!

Te vi en tres ocasiones sin que lo notaras aparentemente, porque de nuevo tu mirada se fijó en mí. Me di la vuelta dándote la espalda hasta llegar a mi destino.
No te bajaste.
Me extrañó eso.
Llegamos a la parada final.
Te acercaste a mí, me sentí nerviosa, alguien empujó. Te chocaste conmigo. Perdón fue lo que oí.
Yo solo sonreí ¿por qué? no lo sé.

Esperé al quinto día.
Me acercaré a preguntarte el nombre del libro que leías en aquellas ocasiones y el lugar donde obtuviste esa chaqueta particular, era lo que pensaba hacer...
Sí, yo lo haría siempre y cuando te viera.

Ese día salí muy tarde, creí ya no verte pero ahí estabas, sentado leyendo de nuevo ese libro.
¡Esto ya es del diablo!
Me ofreciste tu puesto y me encargaste tu mochila y libro.
Si quieres léelo dijiste.
Yo, siguiendo tus órdenes lo hice. Leía y leía, era una buena historia. Hasta que se desocupó el asiento junto a mí.
¡Dios santo!
Te regresé tus cosas.
Nuestras manos rozaron.
Sentí algo raro, tú también, lo sé.

Conversamos del calentamiento global, de muchas bobadas, yo tímida por momentos.
Te bajaste y dijiste hasta mañana.

¿Mañana? No sé qué pasará mañana.


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Querido lector. Sí, emociónate porque esto realmente pasó.

Kahedi


Texto de Kahedi agregado el 27-04-2018.
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