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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / Irse

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Después del largo baño me paro frente al espejo mientras seco en forma vigorosa mi maltrecho cuerpo; el cristal me devuelve un rostro pálido de mirada extraviada y pómulos violáceos.

Me visto y salgo de la casa. Me lastima el perfume de los paraísos en esta tibia mañana de primavera. El mundo sigue igual, a pesar de todo.

La mujer que me atiende tiene una sonrisa cálida y aunque su mirada es seria y atenta, tengo la sospecha que está agotada como yo; agotada de escuchar historias como la mía, pero ella eligió escucharlas y yo no elegí vivirlas. Me confirma que ella es quien atendió mi llamada telefónica y me aconsejó que inmediatamente me alejara de la casa.

Me pregunta si llevé algún equipaje, contesto que no llevé nada porque nada tengo ni nada quiero de lo que dejo atrás.

Su mirada se vuelve más comprensiva - no te preocupés - responde - acá te daremos lo que necesités hasta que se solucionen las cosas.

¿solucionen las cosas? ¿acaso se solucionarán?

En verdad nada me importa ya, sólo quiero alejarme.

La mujer toca un timbre y aparece otra. La primer mujer le dice mi nombre y le pide que me ubique hasta que ella haga la denuncia. La nueva mujer me toma con suavidad del brazo y me lleva por largos pasillos hasta un claustro y me pide que me recueste, que descanse, que no me preocupe, que ellas se encargarán de todo.

A los pocos minutos, otra mujer entra portando una bandeja con una humeante taza de café, sin decir palabra la deja sobre una mesita y se retira. Me quedo definitivamente sola hasta que alguien vuelva y quizás allí aparezcan las preguntas más fuertes, la revisión médica, la constatación de la violación.

¿Fue su marido? ¿fue la primera vez? ¿de qué otras maneras la agredía? ¿tiene hijos?

Sí, fue el hombre que juró cuidarme, no fue la primera vez ¿no les basta esta forma en que me agredía? No, no tenemos hijos.

Me quedo sola y no quiero pensar, sin embargo pienso y una arcada me sacude el cuerpo. Quiero irme, irme definitivamente, no quiero policías, ni médicos, ni juicio de divorcio ni nada, sólo irme.

Saco el cinto con que sostengo mi pollera y subo a la silla, la mirada fija en el travesaño de madera que cruza el techo.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 11-08-2018, y leído por 0 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2018-08-13 01:28:00 La parquedad de la narración lineal y las breves reflexiones de la protagonista, le dan mucha fuerza y credibilidad a tu cuento. El maltrato y la violencia contra la mujer, es inaceptable. Excelente relato, Magda. maparo55
2018-08-12 22:36:19 Triste , pero esa es la frecuencia, te jode más quien debe de ser tu compañero. Terrible amiga. Abrazos y besos. sendero
2018-08-12 16:40:23 Excelente Magda querida! Muy, muy bueno. Te abrazo dulcemente. MujerDiosa
2018-08-12 13:08:27 Me alegro por tu regreso grilo
2018-08-12 12:54:09 Menuda protesta!! ***** En todas las cocinas suele haber cuchillos dijo una tal Lorena Bobbitt grilo
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