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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Historia de Nu-Eva

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En el año 3000 de nuestra era las luces comenzaron a aparecer en el cielo durante las noches, los sabios nos reunían en la cumbre del cerro para que pudiéramos observarlas mejor y así los dioses pudieran ver nuestra predisposición de amor y adoración hacia ellos.

- Son los dioses anunciados por los antiguos – nos decían y nosotros bailábamos de alegría alrededor de grandes hogueras, elevando el son de nuestros tambores y el tono de nuestros cantos, para que los dioses nos escucharan desde sus animales luminosos con los que surcaban los cielos y así decidieran bajar hasta nosotros.

Cuando mi hijo nació, el color de su tez, diferente a la nuestra, le valió el nombre de Nuel-Ma, que en nuestro idioma significaba “El bendito”.

Nuel-Ma nació en el año 3003 de nuestra era y yo no había tenido nunca contacto con varón alguno, sólo un sueño extraño con uno de los dioses y él era, tal como lo predijeron los ancianos, igual a nosotros, aunque más pálido y más alto.

Los dioses no tenían nuestro color oscuro ni nuestros cuerpos bajos y duros, acostumbrados a vivir entre la selva, el cerro y el río, escapando del puma y del lobo, alimentándonos de los frutos que nos rodeaban.

Nuestros días transcurrían en busca de alimentos y en la crianza de los menores a quienes educábamos en el amor y el respeto, transmitiéndoles nuestra historia que se remontaba a cuando los dioses habían creado la primer pareja y los habían dejado sobre esta tierra que llamaron PARA-ISO, para que la poblaran con amor y alegría.

Los dioses eran de suave piel pálida y en sus bocas lucían todos sus dientes. Así lo dijeron los sabios, así lo soñé y así era mi hijo.

En mi sueño el dios me había hablado en mi idioma y mostrado imágenes de Chipifulka, el mundo de los dioses, también me dijo que ellos a sí mismos se denominaban Chipyfulkanos, tal como mi pueblo los conocía y adoraba.

Acariciando mis cabellos me dijo que no sintiera temor y mientras me atravesaba con su dulce lanza de fuego me reveló que pronto ellos bajarían de los cielos para crear una nueva raza, para unir a los dioses con los hombres y que esa raza de semidioses reinaría por siempre sobre la tierra.

Ese fue mi sueño y cuando se lo revelé a los ancianos, ellos cambiaron mi nombre por Nu-Eva “La bienamada”.

Mi hijo fue el primer semidiós y cuando nació pintamos nuestras manos con diferentes colores, luego dejamos sus huellas en las cavernas del cerro, para que quienes vinieran tras nosotros conocieran mi historia y la alegría de nuestro pueblo.

Cuando Nuel-Ma cumplió siete períodos de su vida, en el año 3010 de nuestra era, los dioses bajaron, destruyeron sus animales voladores, borraron nuestros calendarios, se mezclaron con mi gente dando inicio a lo prometido y crearon un nombre nuevo para la raza que unidos formaríamos, la llamaron Hu-manos “Semidioses”.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 18-08-2018, y leído por 0 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2018-08-20 14:35:54 —Regresión en tiempo y espacio que a la vez también puede ser premonición y que a la vez da para pensar el todas las incógnitas que rondan nuestra mente pequeña y en la extensión sin límite del universo. vicenterreramarquez
2018-08-19 22:00:33 Es una historia que atrapa. Más aun al leer lo del sueño. Me encantó Magda,amiga. Escribes bellezas***** Un beso Victoria 6236013
2018-08-19 14:51:37 Y tal es la historia de la Tierra. Tal la historia de la humanidad. Una y mil veces ¿"ascender"? y retornar al principio. Excelente narración!!! Un beso. MujerDiosa
2018-08-19 10:45:51 +++++ así que crees ser Eva cleptomana
 
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