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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / Ailurofobia

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- Tengo miedo.

- ¿Porqué?

- Anoche el gato negro golpeó tres veces mi ventana.

- Fue una pesadilla, no hay gatos en este lugar.

- Es por eso que siento miedo, sé que no los hay, no debería haberlos.

- Bueno, supongamos que apareciera uno ¿qué habría de extraño en ello? hay gatos de todos colores, son inofensivos.

- Pero este gato no. Este gato golpea mi ventana como me dijo la abuela, ella me advirtió que algún día él vendría por mí y cuando le permitiese entrar, me mataría y robaría mi alma.

- Marina, ningún gato robará tu alma. Es una creencia estúpida que tu abuela te inculcó de niña y ahora sacás a relucir porque no estás bien; padecés de Ailurofobia, pero aquí y con mi ayuda sanarás y comprenderás que son supersticiones sin fundamento que se transmitían antiguamente, cuando la gente gustaba de inventar historias.

- Doctor, tengo miedo.

El Dr. Hernández se sacó los lentes y comenzó a limpiarlos mecánicamente. Habían traído a la joven al sanatorio hacía unos pocos días y lo único que repetía una y otra vez era su historia de gatos negros y muerte.

Sentía pena por ella, era una persona brillante antes de que esa idea macabra invadiera su vida y arrasara con todo vestigio de cordura.

Sentada en el borde de la cama, Marina se mecía, abrazada a sus piernas, como una pequeña niña asustada.

Sus ojos de un azul intenso estaban surcados por cantidad de venitas rojas; inflamados, extraviados en la locura, orlados de oscuras ojeras. La
mujer era una piltrafa que apenas se sostenía después de días de ayuno e insomnio.

El Dr. Hernández frunció el entrecejo, no sabía cómo ayudarla, ya había probado todo tipo de medicamentos para adormecerla, pero era imposible, una energía extraordinaria la mantenía despierta.

Terminó de limpiar sus lentes con un pañuelo inmaculado y volvió a montarlos sobre la nariz ganchuda y de poros dilatados. Mientras miraba a Marina sintió una sacudida en su hombría, sonrió al pensar que a pesar de sus años aún se excitaba ante la presencia de una mujer bella. Hubiera querido abrazarla y consolarla de otra manera. Una verdadera lástima, pero la locura no sabe de bellezas ni de pieles marfileñas que invitan a besarlas. Carraspeó para sacar esas imágenes de su mente, era una paciente.

- Tengo miedo doctor, tengo miedo.

El doctor sacudió la cabeza con actitud resignada, se dirigió hacia la puerta y pulsando un timbre llamó al guardia para que la abriera. Esa noche le suministraría una dosis mayor, sentía pena por ella. Era mejor que el gato negro la encontrara dormida.... Mucho mejor.


María Magdalena Gabetta

Ailurofobia: (temor irracional a los gatos)

Texto agregado el 29-08-2018, y leído por 0 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2018-08-30 00:49:40 Magda no tenía idea de esta fobia! es que son tantas. De lo que si estoy segura es que en mis 7 vidas nunca la he padecido.. jajaja meow... (='.'=) sheisan
2018-08-29 21:46:21 Tu cuento es toda una lección de una de las fobias que muchos padecen y pocos reconocen. Está muy bien!+++++ crazymouse
2018-08-29 20:50:44 Eres única!!!!!!!!!!!! fabiandemaza
2018-08-29 18:59:30 Desconocía el tema y fue grato leerlo en tan hermoso texto. Besitos, amada Magdalena. SOFIAMA
2018-08-29 17:57:04 *****¡Qué buen cuento! En verdad algo distinto, me encantó y me enterneció a la vez. Solo_Agua
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