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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Lucha Diaria

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Tu voz ronca, tus canas,
tus manos toscas,
tus ojos cansados,
la lucha diaria y tu amor,
me fortalecen.


- Alcanzame las pinzas Matías, que ya terminamos.

La voz ronca llegaba nítida hasta el departamento sobre el taller; Juana recién llega del trabajo. De forma mecánica y con un suspiro de alivio cambia sus zapatos y el uniforme, por cómodas chinelas y una bata, es el ritual diario.
Mientras prepara la cena escucha a los hombres despedirse. Matías, el joven ayudante, ayuda a que José cierre el portón. Por un momento sólo escucha silencio, sabe que los dos hombres están apoyados uno a cada lado del pilar de entrada fumando un último cigarrillo, luego se saludan y recién entonces escucha los pasos de su esposo subiendo las escaleras de tosco ladrillo.

- ¿Amor, está la cena? – un beso distraído en la mejilla, es todo el saludo después de un día sin verse.
- En un ratito, date una ducha, sobre la cama te dejé la ropa limpia.

La cena ya estaba lista cuando lo escuchó salir del baño, intuye que está tanto o más cansado que ella. Juana ese día, en un acto de arrojo, habló con su Jefe en la fábrica y le pidió le dieran unas horas extras, necesitaban el dinero. Sabía que José no estaría de acuerdo que ella trabajara más horas: pero tenía que ayudarlo, los clientes en el taller escaseaban. Eran malas épocas, corría el año 2001 y muchos emigraban, pero ellos decidieron seguir peleándola. Ésta era su tierra y aquí estaba su gente, afuera siempre serían ajenos. Así lo sentían los dos.

Se sentaron a comer, a ella le parecía mentira que en sólo diez años sus sueños se hubieran esfumado, ya ni siquiera quedaba la ilusión de la pequeña casita que tanto habían planificado en sus años de noviazgo.

- ¿Está rica la cena viejo?

- Estoy tan hambriento que todo me gusta – contestó él bromeando.

- ¿Todo bien en el taller?

- Si, hoy terminamos el auto de don Pedro, cuando cobre, podremos ponernos al día con la luz y el alquiler – suspiró – te confieso vieja que estaba preocupado.

- Seguro –ella también se tranquilizó, no poder pagar los servicios en término, era una de las cosas que más la preocupaban. En los últimos años varias veces les cortaron la luz y muchas más el dueño del departamento los había amenazado con el desalojo.

Siguieron cenando mientras comentaban el día de cada uno, Juana decidió que no era momento para contarle lo de su aumento de horas, eso lo pondría nervioso y tenía que descansar. Lo miró con amor.

José levantó la cabeza descubriendo su mirada, estiró la mano sobre la mesa y acarició tiernamente la de ella.

- Te quiero vieja, ya vamos a salir adelante.

- Yo también te quiero – sonrió, aún podían soñar con la casita.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 02-09-2018, y leído por 0 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2018-09-03 13:49:03 Un relato que se siente tan verídico y humano.. Bello, muy bello. Un abrazo, sheisan
2018-09-03 13:10:14 Que bonito! que ternura da este relato. Gracias, voy a ir a ver si mi vieja ya hizo el desayuno! sigfrido
2018-09-03 06:25:30 Como en el tango "la historia vuelve a repetirse...", y ya que está vamos con Tanguito "pero el amor es mas fuerte...". Precioso relato. Un beso, Carlos. carlitoscap
2018-09-03 04:51:06 Ah, pero sin embargo tienen trabajo. Otros hay que....es la triste realidad. Buen relato. za-lac-fay33
2018-09-03 04:02:33 Un relato triste, que muestra la cruda situación de mucha gente en todas partes del mundo. Ya es 2018, pero tu cuento es intemporal, todo sigue pasando. maparo55
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