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TEORIA PELDAÑULAR


El objetivo del grupo fue estudiar la realidad y la forma en que los hombres se comportaban frente a ella para encontrar analogías que permitieran comprender de una manera indirecta el funcionamiento del universo.
Queda perfectamente claro que los amigos se proponían objetivos muy amplios o vagos. No obstante, razonaban que existiendo tras nuestro, millones de años de evolución, deberían existir esquemas o pautas silenciosas, que por haber madurado lentamente, permanecerían ocultas detrás del funcionamiento de los seres vivos y cosas, pero que serían discernibles para ciertos espíritus bien interesados en encontrarlas.
Por lo demás, sostenían que lo vivo o inanimado eran consideraciones traslapantes; esto llevaba a que se debía expresar la existencia de los seres y cosas mediante términos tales como formas móviles o inmovibles, pero encerrando, ambas, la posibilidad latente de cambiar de estado. En último término, todo lo que existe podría ser comprendido en forma parcial a través de fórmulas matemáticas o mediante las buscadas analogías.
De esta manera, comenzaron a estudiar los fenómenos que estuvieran relacionados con el obrar, llegando a concebir una teoría que profundizaba en el funcionamiento celular y sus mecanismos de eliminación de impurezas; además se hermanaba con la novedosísima teoría de una tierra atravesada por un soplo vital, donde los desechos deberían ser una parte sustancial de su funcionamiento.
A partir de este postulado emergieron en forma natural teorías paralelas.
Una de ellas manifestaba que el hombre no era sino una criatura surgida de la recomposición azarosa de las partículas en desorden, generadas a su vez por el intercambio de energías, siendo éstas últimas lo único cierto, duradero e incorruptible de cuanto el hombre pueda conocer en el universo.
Sin embargo, una de las teorías que dio más que hablar fue aquella referida a la existencia de un universo totalmente abstracto que podía ser entendido como un conglomerado de escaños en un orden cada vez más complejo.
Se sabía que los científicos sonreirían irónicamente contra este orden, pero no era menos cierto que ellos creían en algo así como una explosiva semilla, base de todo lo conocido, lo cual no era sino la materialización de una hermosa analogía para el grupo de amigos.
Pues bien, los escaños fueron el punto de partida para Artur Estay, quien comprendió rápidamente que esta era su área de interés, pues durante sus largos paseos sentía compulsión por contarlos. Obviamente, este método tenía el inconveniente de que su estado mental condicionaba la investigación, pero sin embargo, si es que había que comenzar por algún lado, la resolución del problema no podía ser demorado con sesudos análisis.
Un ejemplo cotidiano puede permitirnos conocer la índole del trabajo en que estaba embargado.
Su oficina, quedaba en el segundo piso de un antiguo edificio. Hasta ella llegaba luego de subir cuarenta escalones. Sin embargo, esto era cierto sólo si se comenzaba a contar desde la base del edificio. Hay que considerar, por otra parte, que junto a las escalas había una larga y empinada rampa, que ponía en aprietos todo el modelo conceptual. Luego veremos porqué.
Los famosos cuarenta escalones, podrían convertirse en cuarenta y cinco, si es que Estay, comenzaba a contar desde el momento en que dejaba la calle y ponía un pie en la cuneta, pues a pocos metros de ésta y hasta lo que había señalado como la base del edificio, se contaban cinco escalones.
Estos cinco escalones, constituían un elemento sin una gran continuidad ya que más allá daba paso a una gran pileta. Junto a ésta, se encontraba una nueva conformación de escaños que también daba hasta el plano que él había llamado la base del edificio, pero que disponía de seis escaños.
De esta manera, el número de escaños que debía ascender para llegar hasta su oficina serían cuarenta, cuarenta y cinco o cuarenta y seis.
Pero, para empeorar la situación, al desplazarse hacia la base del edificio desde una calle paralela, el caminante podía aliviar su caminata mediante una larga y curva rampa que eliminaba definitivamente los cinco o seis escalones y que para más remate, conectaba en forma directa con la rampa que corría paralela a los cuarenta escalones medidos desde la base del edificio.
Dada la dificultad que se imponía a su entendimiento, estuvo a punto de aceptar que quizás, tal como se lo había enunciado uno de sus compañeros de investigación, no fueran los escaños y su Teoría Peldañular lo correcto, sino que debía comenzar a investigar el concepto de niveles, lo cual abarcaba no sólo a los peldaños, sino que también las rampas y especialmente las bellas escaleras de caracol. De esta manera, pensó en recomponer su modelo, pero pronto se dio cuenta de que las escaleras debían ser la base de su sistema, pues un peldaño era un elemento que en sí mismo encerraba el concepto de nivel, por lo que debía necesariamente constituir un eslabón fundamental.
Llegado a este punto, consideró que era absolutamente necesario definir lo que era una escalera. Determinó que sólo podían serlo aquellas estructuras que constituyeran un cuerpo integrado, en número mayor a dos peldaños y que conectaran dos o más niveles diferentes. Así y sólo por cuestiones teóricas que después serían desmentidas, el podio de los vencedores no podía ser considerado una escalera.
Con estos y muchos otros conceptos relacionados, llegó a establecer que la Teoría Peldañular constituía una conformación teórica eficaz para entender la forma en que el universo estaba constituido. Se sintió impelido de gran alegría cuando supo quese especuñlaba con una idea que señalaba que la evolución avanzaba a brincos o que los electrones cambiaban de niveles para alcanzar estados más apropiados para ellos.
Creyó ver entonces que el universo había comenzado en un nivel bajo, en el ignoto peldaño cero. Desde entonces, por alguna razón, había comenzado a avanzar hacia nuevos niveles y que en el paso de uno a otro la velocidad de expansión se había modificado, siguiendo una conducta altamente aleatoria, dependiente de las condiciones actuantes en un momento cualquiera.
El universo, no seguía un camino predispuesto. Al contrario, poseía la cualidad de manifestarse en estructuras cada vez más complejas y caprichosas, en una dinámica que no terminaría jamás. Así, el primer peldaño podría ser el último. Pero también el del medio. Esta revelación lo llevó a pensar en la inutilidad de una escalera semejante, pero apenas hizo caso a la lacerante evidencia que se desprendía de ella. Extrajo de su escritorio un cuadro de M.C Escher y lo puso frente a él, sobre una pared.
Artur, azuzado por sus razonamientos soñó que en las etapas tempranas del universo, los saltos de niveles se producían constantemente.
Creo- dijo un día a un amigo - que nuestros científicos pierden el tiempo buscando eslabones perdidos. Es claro que una mañana, tras un sueño intranquilo, un reptil despertó convertido en un ser alado.
Tal universo, celoso de su secreta imagen, no estaba dispuesto a que una criatura cualquiera pudiera descifrarla; por ello modificaba constantemente la apariencia de lo real, a la par que una creciente conciencia trataba de capturar la Esencia.
Así, por ejemplo- continuó relatando- aparecen siempre nuevas enfermedades, justo en el momento en que la humanidad se creía libre de ellas; ocurre lo impensado y alguien que tenía todo a su favor y había apostado que ganaría, asiste a su propia derrota.
Estay, se sintió profundamente conmovido por esta revelación, pues reconoció que ninguna teoría, por más prolija que fuera se apoderaría un ápice de lo real y que mientras más elaborada pareciera, más razones habría para que fuera impugnada posteriormente.
Por ello, cuando tras muchas horas de estudio, sus compañeros idearon una nueva teoría para comprender el universo, basada en la dinámica de un jardín, Estay, adscribió rápidamente a ella. No lo hacía tanto por aceptar su increíble verdad, sino porque deseaba que perdiera vigencia lo antes posible.

Texto agregado el 03-09-2018, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


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