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Inicio / Cuenteros Locales / babaji / PAREIDOLIA-1

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PAREIDOLIA:

La enfermedad ( si así se le puede llamar ) se había agudizado más. Cada vez eran más las imágenes de rostros que veía en cada pared, en el piso o cualquier superficie plana; hasta en sabanas o cortinas.

Como no era nada físico que me doliera, no le di importancia. Pero si llegue a pensar que era un problema psicológico o visual. De igual modo no hice ningún intento médico, al contrario, me divertía con las imágenes claras de rostros amorfos. Muchas veces tomaba un bolígrafo y trazaba con precisión los rostros.

Nunca vi otra cosa que no fueran rostros.

Después de un tiempo relativamente corto empecé a ver el mismo rostro, la misma imagen. Era como seguir un patrón determinado. Se convirtieron en monótonas.

Aquel único rostro que insistía era extraño, de aspecto melancólico y famélico. Aparecía no solo en las paredes, ni cortinas, ni sábanas o superficies planas; aparecía también en mis sueños. Juraba verlo incluso en mis series favoritas de tv como personajes.

Esta vez llegué a preocuparme. Pensé que podría ser paranoia !

Cierta noche, luego de una cena suave y una copa de vino, empecé a ver el rostro desde que cerraba los ojos o pestañeaba. Comencé asustarme un poco. Pensé por varios minutos si era el rostro de algún familiar ya fallecido que quería comunicar algo, pero solo mi abuelo materno había fallecido hacía mucho tiempo, incluso, no llegué a conocerlo: yo era un niño cuando murió. Así que descarté esa opción familiar.

Luego de un par de copas más, me acosté.

Empecé a soñar que un hombre de cuerpo alargado, delgado y muy alto entró a mi habitación. Se paró Justo enfrente de mi cama en silencio. Me atemorice bastante. No vi su rostro por la oscuridad de la habitación. Intenté incorporarme en la cama para mejorar mi visión, cuando lo logré, ya él estaba Justo a mi lado. Me tomó con sus dos grandes manos por el cuello y empezó ahorcarme con una fuerza descomunal. Intenté agarrarlo también por el cuello pero no pude. Mis brazos no lograban alcanzarlo.

Mientras apretaba hice un movimiento brusco hacia atrás, luego me balancié con fuerza hacia delante y con un estiramiento casi imposible logré quitarle una máscara negra que tenía. Ah sorpresa! Era el rostro famélico que veía por doquier. Horrible en verdad !

Lo miré con estupor fijamente, y me soltó.

En ese instante con dificultad para respirar desperté: tembloroso, sudado y con una sensación a muerte terrible.

Desde esa fatídica noche no volví a ver más ese horroroso rostro, ni los otros que me divertían.

Texto agregado el 14-09-2018, y leído por 0 visitantes. (0 votos)


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