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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / El Recolector

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El hombre se acercaba arrastrando una vieja maleta que se veía mucho más grande que él. Lo que más la impactó, en un primer momento, fue su aspecto. Tenía exactamente la cara de hurón, el cuerpo escurridizo y la vestimenta que imaginaba en los personajes que Víctor Hugo describiera en su novela “Los Miserables”. Ella había sido una lectora incansable desde su juventud. Los clásicos eran sus preferidos.

El tipo era un adefesio y el olor que precedía su paso era insoportablemente asqueroso; un rancio tufo a sepulcros, a animales muertos. Se sintió extrañamente inquieta al percibirlo.
..........................

Delfina estaba sentada en su cómoda silla de paja, cotorreando con una vecina, como todas las tardes de ese caluroso verano, en el que solamente la frescura de la arbolada acera, brindaba un respiro al agobio de las caldeadas viviendas.

Pequeñas gotas de sudor se deslizaban por su arrugada frente y aunque trataba de combatir el calor bebiendo té helado con jugo de limón, no lo lograba. Añoraba el invierno y la comodidad de su cálido hogar, las tertulias con las amigas, sus libros. Este verano ya la había saturado, no lo soportaba más; su cuerpo pesado y gastado por los años, pedía el alivio de los días frescos.

Estaba cavilando sobre ello cuando vio doblar por la esquina a semejante personaje; llamó enseguida su atención y ya no pudo sacar su mirada de la extravagante criatura. A medida que se acercaba a ellas, el fétido olor se adueñó del ambiente, haciéndola pensar solo en eso y perder el hilo de la animada conversación.

El sujeto se paró a su lado, clavando en ella sus horribles ojos de ave de rapiña, el olor se intensificó produciéndole una arcada y sintió el agrio jugo que comenzaba a llenar su boca. Delfina miró a su vecina Rosita notando que ella no hacía caso de la extraña presencia, seguía enfrascada en su chismorreo como si nada ocurriera.

Asombrada, intentó preguntarle si no lo veía, no podía ser que ella sola estuviera viendo a ese ser de pesadilla, oliéndolo. Quiso levantarse de la silla, no pudo. En ese momento, el hombre la tocó suavemente en un hombro.

La vecina gritó asustada al ver que Delfina caía imprevistamente con todo su peso hacia el suelo, sobre su propio vómito, con una mirada de asombro eternizada en sus ojos. Desesperada intentó ayudarla, pero ya estaba muerta.
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El recolector abrió despaciosamente su valija, colocó en su interior el alma de Delfina y luego se alejó sin ser advertido por ninguno de los presurosos vecinos que corriendo se acercaban, alertados por lo gritos de Rosita.

Un perro callejero que se encontraba dormitando unos metros más adelante, despertó con su pelaje erizado y huyó aullando.


María Magdalena Gabetta



Texto agregado el 17-09-2018, y leído por 0 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2018-09-18 20:18:14 Está de MUERTE! !. ***** (nunca mejor dicho) grilo
2018-09-18 13:56:24 Buen relato, una versión novedosa de la presencia de la parca, a la hora definitiva... claudio_antonio
2018-09-18 11:59:42 El final no me lo esperaba, no estoy acostumbrada a esté tipo de cuentos de parte tuyo. ***** sensaciones
2018-09-18 06:54:35 Tu texto es una obra de arte. Y me recuerda que viviendo en NY en una segunda planta, mi esposa bajaba a comprar leche, cuando ascendía por la escalera un negro. Ella al verlo perdió el equilibrio y se partió una pierna. Pero el negro no le llevó su alma, simplemente me la subió cargada a mi apartamento. ¡ Nuestras mentes nos manejan ! Te felicito. peco
2018-09-18 01:36:32 Bien logrado. Felicidades! babaji
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