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Inicio / Cuenteros Locales / henrym / El sencillo lenguaje de la huerta

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Pablo Pedro Milanis era un horticultor y su trabajo, aunque es impropio definirlo así, le gustaba mucho. Cultivar sus verduras, y las flores con que adornaba sus simétricos bancales que daban colorido a su huerta, le llenaba el alma.
Esta pasión de Milanis era superada por otra: amaba el estilo sencillo de la escritura y, más en profundidad aún, amaba las palabras, su forma, su presencia, su aspecto físico. Amaba especialmente la palabra ortografía que no por casualidad, pensaba, contiene dentro de sí el término huerta, del latín hortu(m), y esta constatación iluminaba su rostro.
Sus verduras, como sus flores brotan desde el bajo hacia el alto, precisaba Milanis, y también las palabras. Lazos sutiles e invisibles las unían. Estas correspondencias, en particular las flores con las palabras, se manifestaban desde un principio vital que las acomunaba: al interno de un embrión para las flores y la raíz o elemento irreducible en las palabras.
Tanto las palabras como las flores es necesario cuidarlas y cultivarlas con atención y rigor para que mantengan su perfume y su luminosidad, en caso contrario se marchitan y mueren. En el caso de las palabras significa salir de la escena, ser descartadas, rechazadas, dejadas de lado, fuera del diccionario por inservibles.
La sencillez del estilo está expresado en verduras y flores simplemente con su presencia, cuando están sanas y esplendorosas; en las palabras desde la claridad y precisión, lejos de la afectación y los adornos. El pensamiento se manifiesta mejor desde una cierta naturalidad y pureza en el lenguaje. Es desde ahí que se deja gustar más que conocer, desde donde construye su hermosura y realce a pesar de su negligencia y poco aliño, pensaba Milanis mientras sudaba bajo el sol del verano y observaba una hija de Aristeo que se embriagaba de polen en las flores amarillo luminoso de los zapallos.
En la sencillez hay más naturaleza que arte, sin entender en ello la frase grosera, incorrecta, demasiado humilde, demasiado lejos del cada vez más alieno decoro de la elocuencia.
El estilo sencillo está más cerca de lo bajo que de lo noble, y por eso se necesita tino y prudencia para no precipitar en lo indeseable y así poder alcanzar algo de la severa belleza que lo caracteriza.

Texto agregado el 20-09-2018, y leído por 0 visitantes. (19 votos)


Lectores Opinan
2018-10-06 20:21:40 Me gustó. Las flores y las palabras despiertan ese amor muy merecido y ese cuidado igualmente merecido. Besos Daiana
2018-10-02 14:52:19 La rosa no necesita de palabras para ser poema. -ZEPOL
2018-09-28 20:37:41 Yo cultivo flores, hortalizas y frutas, y te aseguro que no necesitan tanto protocolo ni palabrería inútil. ¿"...demasiado lejos del cada vez más alieno decoro de la elocuencia"? ¡Uf! Clorinda
2018-09-26 17:28:12 Respetable y validad similitud de lo que depara una huerta y la escritura. La claridad del verde siempre estará presente y la hoja blanca de papel lista para la inspiración. Saludos. Y gracias por tus comentarios en mi cuento. clandestino
2018-09-22 17:42:29 Me quedo pensando en esas correspondencias que explicas y me llevo un pensamiento que quiero recordar “Tanto las palabras como las flores es necesario cuidarlas y cultivarlas con atención y rigor para que mantengan su perfume y su luminosidad, en caso contrario se marchitan y mueren. “ Shou
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