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Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / Cantando a la vida

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- ¡Me gusta cuando cantas niña! la frase se escuchó a través de la puerta entornada; la muchacha que cantaba bajo la ducha sonrió, sabía lo que al hombre le gustaba. Desde el primer día que había entrado en la casa, había ido conociendo poco a poco sus gustos.

El día que descubrió que le gustaba sentirla cantar, se estaban bañando juntos, riendo enamorados mientras la ducha corría suavemente por sus jóvenes cuerpos entrelazados. Ella comenzó a cantar de alegría y él la miraba embobado. Fue un momento mágico.

A partir de allí siempre cantaba, mientras él la seguía con su mirada de bobo enamorado.

- ¡Lo malo es cuando cocinás...! - continuó la voz y se escuchó una carcajada.

¡Era verdad!! La cocina le producía pánico y todo lo que en ella trataba de realizar resultaba un verdadero desastre. Pero el seguía amándola igual y ella, aunque avergonzada, prometía aprender algún día.

Eran muy felices juntos. Si él estaba en la casa el sol entraba a raudales en su corazón y ella resplandecía como una flor. ¡Estaban enamorados!. Ni que decir lo que ambos sintieron el día que el viejo médico les dijo que estaban esperando un niño, para luego confirmarles que en realidad eran dos.

Finalmente llegaron los mellizos a su vida, parecía entonces que la casa resultaba pequeña para albergar tanta felicidad; ella siguió cantando y ya cocinó un poco mejor; para mayor alegría de él.

Cuando los hijos comenzaron a caminar decidieron llevarlos a conocer el mar; ella, a causa de los niños, había tomado la cocina en serio; él estaba más embobado que nunca.

En el mar cantaba de felicidad al ver las cortas y gordezuelas piernas de sus hijos tambalearse sobre la dorada arena, el maravilloso mar los salpicaba con gotas de alegría ¡fue un viaje inolvidable!.

Un día, sin percatarse del paso del tiempo, los chicos ya eran adultos y se alejaron tras sus propios sueños, notó en esos días que él ya no la miraba embobado, ni alababa su canto. Un malestar extraño se instaló en su estómago cuando le preguntó que ocurría, a lo que él simplemente contestó - ¡es que ya somos grandes mujer!.

Iba a responderle que no.... que aún eran jóvenes .....que se amaban; pero lo miró y con sorpresa descubrió su incipiente pelada, sus mejillas flácidas, su abultado estomago e imaginó su propia imagen reflejada en los ojos de él; entonces, agachando con tristeza su cabeza, sirvió otro plato de exquisita comida y no cantó mas.


María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 24-09-2018, y leído por 0 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2018-09-25 14:03:39 Apoyo a yar-. Hay viejitos muy lindos que incluso mejoran con la edad. El milagro de la mente suele jugar a favor. Decía un actor ya entrado en años y sin esa belleza standard que conquista a primera vista: "Yo las conquisto con el 'chamuyo'". Un abrazo. Clorinda
2018-09-25 13:43:14 Que siga cantando !!! Se aceptan como son a pesar del tiempo o algo de ejercicio hará que el abdomen no sea tan abultado. Cinco aullidos sobre dos ruedas yar-
2018-09-25 05:27:19 Estragos de la 'complejidad' de lo que llamamos tiempo. Afecta hasta las ilusiones. Te felicito. peco
2018-09-25 02:24:02 el amor - como todo - tiene sus condiciones. Un abrazo, bello relato. sheisan
 
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