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Inicio / Cuenteros Locales / unabrazo / Mi Campo

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Llegar era llegar a otra dimensión. Mientras el viento me daba en la cara y el motor iba a unos 80 km por hora, juro que veía las plantas reverdecer, las flores tomar un matiz más brillante y por supuesto la gente, aunque más humilde, más alegre. Oficialmente había llegado a mi campo para las vacaciones de colegio. Como siempre llegaba con una algarabía “¡Abueeeelaaa!”, “¡Abueeeelooooo”!, como si hubiera llegado de viaje y no de la Capital. Me desmontaba o mejor dicho me tiraba del motor rodeada de Donky y Lonky, los dos perros de la casa, de los cuales uno era mio. Me iba en avalancha encima de mi abuela, mujer recatada, pero que no podía contener la sonrisa de mi aparatosa llegada y me envolvía en esos brazos de matrona gigante. Mi abuelo no, era alegre y me recibía a carcajadas pero casi no me abarcaba, al contrario de mi abuela, era delgado.

Mis vacaciones transcurrían a la usanza del campo. Mi abuelo se levantaba a las 5:00 am a ordeñar las vacas y yo me despertaba con él para aprender y para que, a veces, me dejara intentar ordeñar a mí. Siempre terminaba con las ubres resbalosas, sin una gota de leche y el cubo tumbado por la vaca, ya molesta de mis fallidos intentos. Lo que seguía era un copioso desayuno de víveres y mi abuela hervir la leche de vaca fresca y hacer queso de ella. Lo que no podía faltar: las andanzas con mis primos por los montes. Nos deslizábamos desde las colinas en yaguas secas hasta terminar al fondo parados por una planta llena de púas que nos picaban, pero no nos importaba. Nos adentrábamos en los conucos y cortábamos piña fresca o cualquier otro fruto que tuviéramos a mano.

El día mas aburrido era el domingo pues me tenia que levantar temprano para caminar por una hora hasta la Iglesia mas cercana con mi abuela. Esto era obligatorio. Pero no tarea sencilla. Elegir la ropa era un dolor de cabeza desde que mi abuela demostró que había que respetar la iglesia incluso con la ropa interior, cuando un domingo me mandó a cambiar mis pantis porque “eran muy sexis” tuve que derribar mi bulto en busca de algo pasable. La misa misma no duraba lo mismo, duraba hora y cuarenta y cinco minutos y allí estaba el pueblo entero. La hora de dar la Paz era la hora social.

Claro, estaban las visitas que se hacía y las que nos hacían, a la luz de faroles de aluminio rellenos de gas muy rudimentarios. Los mas finos eran de cristal con un tope de cristal protegiendo la llama del viento. No había baño por ese tiempo sino letrinas, que eran unos hoyos cavados en la tierra y luego por encima le rodeaban de madera con un cajón donde te sentabas a hacer tus necesidades. Lugar donde me encontraron escondida una vez acabándome un botín de galleticas con leche condensada. ¡No me dejaron en paz por días!

Mi abuela vendía y hacia para la casa “esquimalitos” que no eran mas que unas funditas llenas de jugo y congelados que se hacían helado y que yo adoraba. Odiaba cuando mi abuela decía que iba a hacer majarete (dulce a base de maíz) pues no era sacar el maíz de la lata, era dos primos y yo guayando mazorcas de maíz. El dia que mi abuela decidio enseñarme a cocinar, tenia que coger un pollo vivo, matarlo doblándole el pescuezo y ponerlo a hervir para luego desplumarlo. Yo lo hice horrorizada pero era tanto mi terror que no me di cuenta que el pollo se quedó medio vivo y salió de la olla de agua caliente con una furia insoportable, yo digo detrás de mí. Mis gritos advirtieron a mi abuela, quien vino y expertamente en dos vueltas del pescuezo lo dejó muerto. Por suerte eso es algo que nunca he tenido que repetir en mi vida. Prefiero los pollos del supermercado, ya tiesos y en piezas.

Llegar al campo era llegar a mi paraíso personal luego de clases, embotellamientos de carros en la ciudad y jugar en áreas reducidas. Esos tiempos volaron, pero la memoria permanece.

Texto agregado el 28-09-2018, y leído por 0 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2018-09-29 21:56:18 Un texto encantador y nostálgico. Muy bueno. 5* BarImperio
2018-09-29 13:42:22 Lindos recuerdos... glori
2018-09-29 08:38:41 buen texto. creo que todos los niños que tubbimos esa clase de infancia, fuimos muy felices yosoyasi
2018-09-29 07:45:23 Exquisito tu texto de hoy. Conozco ambos mundos y hasta sé ordeñar. Siempre hembras, eh!! ***** grilo
2018-09-29 05:54:28 Buenos recuerdos e inolvidables. Mi caso fue a la inversa: Del campo para el pueblo. Te felicito, peco
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