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Inicio / Cuenteros Locales / unabrazo / La Herencia

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Las manecillas del reloj en la pared marcaban las diez cincuenta y cinco. Faltaban solo cinco minutos para la reunión. Allí se decidiría una de las mas gras grandes fortunas, la de nuestro abuelo. Estábamos reunidos yo y mi mujer Larissa, así como mis tíos, Andrés y su esposa Carla; Melissa y su esposo German y Juan Carlos, viudo. El abogado nos mandó a entrar exactamente a las diez en punto.

Empezó por leer una larga carta de diez páginas de cómo y cuánto quería a sus nietos, habiendo fallecido su hijo único en un accidente, hacía ya muchos años atrás. Luego se comenzó a leer otra carta, en un tenor muy diferente. En ella decía que nunca se le había pasado por alto que todas las visitas y detalles que le hicimos a lo largo de esos años era pura farsa. Hechas con el único propósito de cuando llegara este día. A continuación, se leyó el testamento que nos dejó helados a todos. 200 millones de dólares se repartirían de la siguiente manera: 10 millones para su Mastín alemán Sócrates y el resto a una institución sin fines de lucro. A nosotros nos dejaba a cada uno una copia de un álbum “familiar” donde él había recolectado las fotos de nuestros encuentros y visitas para que pudiéramos (y esto lo decía literal el testamento) ver nuestras caras fingidas y ver si sacábamos una lección de ello.

Huelga decir o describir el ánimo que nos embargaba después de todo eso. ¡Pero yo no iba a cruzar de brazos cruzados! ¡No señor! Fui a la antigua mansión del viejo y le dije al mayordomo que me dejara ver a Sócrates. Cuando trajo al pequeño ladronzuelo, rompí en improperios contra él y casi puedo jurar que se estaba burlando de mí, el muy astuto. Terminé diciéndole que le deseaba “que no le alcanzara” el dinero y salí de allí, quizá no con mi dignidad intacta, pero si con mi rabia contenida. Lo mismo no puedo decir de mi sanidad. ¿Pero cuantos días se pierden millones ante un can?



“No conozco la receta
de la felicidad
pero seguro incluye
un perro.”
Anónimo.-

Texto agregado el 07-10-2018, y leído por 0 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2018-10-08 01:03:04 ¿El perro movía la cola? estaba feliz, jajaja. Eso pasa por fingir cariño. Me gustó. Besitos. Magda gmmagdalena
2018-10-07 19:54:38 Con abuelos como el tuyo, no necesitas enemigos. (Ni los perros necesitan más huesos de los que pueden comer) ja!+++++ crazymouse
2018-10-07 15:19:18 ¿Ves?, el karma no perdona. ***** grilo
2018-10-07 14:35:54 Cosas de la vida, seguro será que la amistad se rompe cuando hay un dinero de por medio. ¿Pero si ese dinero no es de nosotros, para que tanto disgusto? Buen texto abrazo y rosas. sendero
 
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