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El Mirador Estelar
para Ainara
en su 8º cumpleaños


Hay pocos lugares del universo merecedores de un nombre más adecuado que el racimo de galaxias denominado Mirador estelar.
Las numerosas compañías de viajes espaciales, se disputan cada año la utilización de la ruta que pasa por el mirador. Algunas ofrecen mayor tiempo de estadía en la zona. Otras ofrecen pasar a la ida y a la vuelta del viaje que se haga, desde y hacia cualquier parte del universo.
Pero como sea que se llegue hasta el mirador, el panorama que se observa es imposible de olvidar: se ven colores que no existen bajo la atmósfera de un planeta. Millones de estrellas concentran su luz en el mirador, creando la ilusión de que la noche no existe. Una multitud de quásares señalan con su luz de faro el lugar preciso de cada galaxia, formando un manto de luciérnagas a punto de desprenderse del cielo.
El silencio forma parte del mirador. No sería posible agregarle música al espectáculo visual. Algunos viajantes han compuesto sinfonías para el mirador, pero las personas se resisten a escucharlas; la fuerza creadora del universo supera cualquier intento humano de competir con ella.

Diario de viaje del Dr. Iván Alhasud Gómez


El Dr. Iván Alhasud Gómez –de padres rusos, abuelos árabes y tatarabuelos españoles-, nunca había viajado al Mirador estelar. Pasaba la mitad de su tiempo estudiando las combinaciones de los átomos. La otra mitad del tiempo la pasaba explicando el origen de sus apellidos.
También intentaba por todos los medios, explicar su complicada teoría sobre el “reciclado de los átomos”, donde podía –según él- demostrar que un átomo cualquiera, que había pertenecido a un dinosaurio o a un tanque de guerra de la Segunda Guerra Mundial, ahora formaba parte de una pequeña tela de araña que colgaba en el rincón de un armario.

Las personas no se tomaban muy en serio al Dr. Iván ni a su teoría. Tanto es así, que cuando sudaban, le preguntaban a Iván si tal vez el sudor no estaría formado por átomos de algún pantano prehistórico que le proporcionara ese olor tan molesto. Otro tanto ocurría al depilarse las cejas: las guardaban en bolsitas de plástico y se las dejaban al doctor con una notita, pidiendo que investigara si los átomos de cejas no habrían sido en otra época ramas de palmera o colmillos de panteras salvajes.

El Dr. Iván, contrariamente a la moda de su época, no se depilaba las cejas. Era fácilmente reconocible a gran distancia y cuando alguien preguntaba por él, las indicaciones no podían ser más claras: es la única persona que tiene unas líneas oscuras de pelo negro sobre los ojos. Para completar el panorama de risa general, algunos sostenían que el Dr. Iván no se depilaba las cejas porque los átomos que las formaban habían sido parte de un serrucho, y no existe ninguna depiladora de cejas capaz de competir con un serrucho.
Pero por más que se reían de él, y pese a que casi nadie le llevaba el apunte, nunca abandonó la investigación sobre el reciclado de átomos.
Pasaba largas horas frente al proyector de átomos, examinando cada una de las partículas que lo componen. Observar un átomo y sus respectivas partículas exige un gran entrenamiento. Tanto es así, que frecuentemente los estudiantes confunden los átomos del material a estudiar, con los átomos del aire, o de los propios cristales del proyector de átomos.

Pero el Dr. Iván había pasado la mayor parte de su vida observando; poseía tal grado de entrenamiento, que nunca se equivocaba acerca del origen de un átomo.
Casualmente un día, de puro aburrido, decidió averiguar el origen de todos los átomos que formaban parte de la uña de su dedo meñique. Bajo el microscopio, cortó una célula de su uña y la colocó en el proyector de átomos. Muchas horas más tarde, concluyó: esta uña está formada en un 15% por átomos que provienen del Océano Atlántico, un 2% formaron parte de semillas de chocolate, un 5% fueron los pelos de un gato y del 78% restante no tengo la menor idea, parecen ser átomos nuevos.
Cuando le preguntaron por qué la uña no tiene olor a chocolate o es lisita como el pelo de un gato el Dr. Iván se encogió de hombros, enarcó las cejas –efecto que siempre causaba asombro entre sus observadores- y murmuró: porque simplemente es una uña.

Como todos los investigadores que alguna vez han investigado algo, Iván debía investigar el Mirador estelar. Durante años se había resistido a hacer el viaje, porque según él, “el Mirador estelar no aporta mucho a mi teoría sobre los átomos".
Pero tal vez llevado por la curiosidad, o por un olvidado espíritu de aventura, un buen día empacó sus cinco libros de consulta y compró un billete para viajar al Mirador estelar.

El trasbordador espacial era confortable y luminoso, una verdadera maravilla de la tecnología. El viaje que los pondría en la órbita de la Tierra duraría apenas 12 minutos. Una vez en órbita, los pasajeros serían trasladados hasta la nave interplanetaria que los llevaría al Mirador estelar.
El Dr. Iván jamás había abandonado la Tierra. Sentía un cosquilleo incómodo que le recorría todo el cuerpo. Cuando los poderosos motores del trasbordador comenzaron a vibrar Iván se aferró con todas sus fuerzas a los brazos del sillón. A su lado, una mujer joven, con mayor experiencia en los viajes estelares, sonrió y trató de tranquilizarlo restándole importancia al despegue.
La ventanilla ovalada debajo de sus pies, mostraba el lento ascenso de la nave; la plataforma de lanzamiento retiró sus largos brazos luminosos y el trasbordador comenzó a subir hacia la órbita gravitacional de la Tierra.

La nave interplanetaria aguardaba pacientemente su llegada, flotando, claramente recortada sobre la curvatura de la Tierra. Cuando Iván divisó la nave le pareció pequeña, pero cuando se acercaron aún más, pudo observar que en realidad era gigantesca. ¡Le había parecido pequeña comparada con el tamaño de la Tierra!
Iván, ya más calmado, observó disimuladamente a la mujer que tenía a su lado. Era particularmente bonita. Cada palabra que pronunciaba se iluminaba con una suave sonrisa. Tendría unos cinco años menos que él.
María Al-hamed Terovska -de padres españoles, abuelos árabes y tatarabuelos rusos-, fue la primera persona que no necesitó una explicación sobre los apellidos del Dr. Iván. Asintió con la cabeza, estrechó la mano de Iván y se presentó con todos sus apellidos.
Iván no cabía en sí de la emoción. Sin duda tenía mucho en común con la mujer que estaba a su lado. Esbozó un complicadísimo intento de relacionar los átomos de los antepasados comunes de ambos, pero finalmente hasta él mismo se aburrió y hablaron de cosas más mundanas. El viaje al Mirador estelar duraría 9 días, ya habría tiempo de investigar sobre el origen de los átomos.

María Al-hamed Terovska resultó ser un gran descubrimiento para Iván. Conversaban interminablemente. El maravilloso paisaje del universo que los rodeaba pasó casi desapercibido para ambos.
Al quinto día de viaje, Iván intentó explicarle a María las relaciones entre los átomos, hasta que María, pensativa y con una mirada astuta, le complicó la teoría: ...y los primeros átomos, antes de ser parte de dinosaurios, tanques de guerra o telas de araña, ¿qué eran?

Iván no supo contestar. Durante años había adaptado su teoría para todas las preguntas tontas que le formularon, pero esta vez la pregunta no era tonta. Se quedó pensativo durante los restantes cuatro días de viaje. Murmuraba palabras complicadas. Gesticulaba con las manos. Un instante se daba la razón a sí mismo y al instante siguiente se contradecía.
María parecía disfrutar de la situación y mientras lo miraba de reojo, se maravillaba al observar los primeros destellos del Mirador estelar.

Finalmente la nave espacial llegó a su destino y descendieron hacia la plataforma del mirador. Era una sencilla plataforma gravitacional, suspendida en el universo, en el punto exacto que proporciona la vista más maravillosa del nacimiento de las galaxias.

Iván seguía mascullando palabras incoherentes y frases a medio terminar, tan perdido estaba tratando de explicar "qué eran los átomos antes de ser átomos", que sus ojos no lograban captar la belleza universal que tenía ante sí.

María apoyó suavemente sus manos en los hombros de Iván. Le giró lentamente el cuerpo y juntos observaron “la primera vez de todo lo que existe en el universo”.
Desde allí, vieron nacer los planetas y las galaxias; las estrellas pequeñas y las gigantes. Vieron colores que no existen en la Tierra, vieron la calma inmensa de un diminuto cometa que estaba naciendo frente a sus ojos y lentamente comenzaba a recorrer el universo, envuelto en su perezosa estela luminosa.
María cerró sus ojos, acarició la mano de Iván y le explicó suavemente:

-Aquí está la respuesta Iván, los átomos antes de ser átomos son el universo mismo...
Iván acarició la mano de María y completó la frase
-... de poco sirve saber de donde viene cada átomo, porque cada uno de ellos contiene la belleza de la creación.

Dicen que el Dr. Iván volvió a la tierra de la mano de María y con una sonrisa inmensa dibujada bajo sus cejas. Abandonó definitivamente su teoría acerca del origen de los átomos y ahora escribe una nueva teoría acerca del origen del amor, pero esa es otra historia y María posiblemente lo ayude a escribirla.

Texto agregado el 16-10-2018, y leído por 0 visitantes. (23 votos)


Lectores Opinan
2018-11-25 19:56:54 Sencillo, sin acciones intrépidas, tan sencillo que parece fácil escribirlo, para nada. Es sumamente complicado escribir con poesía que no se ve pero se percibe y se siente. Felicitaciones a Anaira y CafeínaUn placer. Abrazo grande. sendero
2018-11-13 14:48:32 Vine a leerte otra vez y leí los comentarios. Henry, no creo que Cafeína dirigió este texto a chicos de 8 años, no dice eso en ninguna parte. Fue un regalo escrito para una niña de esa edad; y es obvio, que la chica lo leerá cuando tenga edad para ello. Vuelvo a reiterar la hermosura del texto. Abrazos Cafeina. Mis respetos, Henry. SOFIAMA
2018-11-13 04:19:48 Felicidades Ainara... 6236013
2018-11-12 13:01:05 Me gusta demasiado tu forma de escribir tan clara,llena de una creatividad admirable. Ese acercamiento entre Iván y la dama,también,de una sutileza deliciosa. Se pueden imaginar esos colores diferentes que se crean a la vista del observador. //Aquí está la respuesta Iván, los átomos antes de ser átomos son el universo mismo...// Espero poder leer el texto al que se alude acerca del amor... Es una belleza***** Un beso Victoria 6236013
2018-11-09 13:39:50 Si bien la escritura va dirigida a niños de ocho años, que no podrán entender tanta banalidad sin base científica alguna, debo decir que no es posible pasar de las primeras frases, el umbral de atención es subatómico. Texto de un ocioso, indudablemente. henrym
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