Su mirada se hundió en un suspiro profundo y quedo, en el nublado horizonte vespertino se dibujaba la insinuante silueta de una dama cabizbaja. La había perdido para siempre, y lo sabía, él lo sabía. Caminó hasta el acantilado y se lanzó, volando sublime hasta un mar de lamentos, impactó en una roca de culpas y se hundió lentamente en el mar de recuerdos que eternamente le abrumaría.
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