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Inicio / Cuenteros Locales / AnaCecilia / La tormenta

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Estaba contactada en el chat, con esa clase de persona, que nos agiganta la vida en unos pocos segundos. Era de madrugada, y a pesar que el sueño avanzaba, la conversación, no me dejaba claudicar. Afuera, el cielo partía su cuerpo en un sinfín de crujidos extraños. La tormenta, comenzaba a murmurar, el prólogo de su visita. Mientras, nuestra conversación, no decaía en sensualidad, ni magnetismo. Sentí mis brazos perderse en el infinito de Gustavo, como una madreselva entretejida dentro de su cuerpo. Y, aunque disipé mis instintos, la sensación me hacía brillar, sentada frente a la pantalla. Él, supongo, también flotaba junto a mis palabras, las que se apresuraban, por los ruidos foráneos. Hacía muy poco que nos conocíamos, casi nada; sin embargo nuestra empatía, había ganado la batalla contra el tiempo. Un rayo, estremeció la ciudad de norte a sur, soltándose en otros más, que no dejaban de reiterarse. Tuve miedo, cerré mis ojos para apagar tanto estruendo, mientras le pedía a él, que me tomara de la mano. Gustavo, no tardó en responder: -“ Pone tu palma arriba, sobre la pantalla, ( me dijo), allí estará mi boca esperando, para besarla”. Solté una risa nerviosa, mientras realizaba su pedido. Y, justo cuando mi piel acariciaba el vidrio, la electricidad estalló, detrás de un trueno irreparable. Me quedé extendida en el infinito de su boca, como una adolescente que ha perdido su amor. La oscuridad se desató en la ciudad, como una caverna deglutiendo los instantes. Su sombra tomó cuerpo de hombre, abrazándome en todas direcciones. Recorrió mi cuello, que prendía y apagaba, como un relámpago estallando en la negrura, mientras descendía por mis pechos, electrizando sus caras. Me desabroché la blusa, para extenderme en su semblante de carbón, y terminar temblando, a la par de sus deseos. Después, nos quedamos dormidos profundamente, mientras la tempestad azotaba al mundo circundante. Me desperté sobresaltada, sin darme cuenta, que la luz, ya había retornado. Y, casi sin pensarlo, regresé lentamente a mi computadora. Allí, Gustavo, seguía esperando mi mano, desprovista de sexo, para solo besarla y protegerla, infinitamente.

Ana.

Texto agregado el 06-10-2002, y leído por 533 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2004-03-24 23:57:02 Buen relato. Felicidades. Me pregunto donde quedara ese chat psychotron
2003-12-31 05:02:06 Precioso relato, como todo lo que escribes, Ana. margarit a-zamudio
2003-11-01 06:59:17 Un dechado de fantaía e imaginación perfectamente narrado. Aprovecho para darte las gracias por tu comentario a mi poema. margarit a-zamudio
2003-10-26 13:20:22 Me recordó alguna de esas noches tediosas de mi tabajo, cuando necesito el calor del cuerpo de mi esposa y ella me lo trasmite con solo una llamada de telefono. Gracias eres genial. FranLend
2003-09-23 15:44:17 Vengo de leerlo en la hoja de comentarios gracias a Aire. Un buen texto, buena historia y la descripción perfecta de ciertas soledades que sentimos los que pasamos una gran parte del tiempo frente a una maquina. La felicito. PD: solo agregaría algunos espacios para el jadeo entre párrafo y párrafo. juanramon
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