Antes de nada os advierto que soy un tipo duro. En un cara a cara esta presentación estaría demás, pero aquí con el rollito del Internet seguro que se aprovecha algún julay. Nos entendemos ¿no? Vale. O sea tonterías las justas que hablo en serio. Hechas las presentaciones voy al tema.
No quiero ponerme filosófico, pero reclamo mi derecho a que el mundo de mi ideas esté por encima del mundo de mis actos. ¡Joder, como tuviera que ser tan bueno como pienso la Madre Teresa estaría vendiendo hamburguesas! Yo no necesito ser coherente y tú, aunque no lo sepas, tampoco. La coherencia que exigen es una trampa para la mediocridad. Entérate chaval. Di lo que quieras y contradícete. O es que a estas alturas vamos a tener miedo del arcángel San miguel. Venga ya. El principio de no contradicción es un mera formula de cortesía, como poner el pan a la derecha. Una tontería. Si alguien, cosa que no creo, ha llegado leyendo hasta aquí se merece que le confiese de donde me viene la mala hostia.
Bueno, pues resulta que cuelgo un cuento de puta madre en un ciber-taller de éstos y me salta un tío (encima que seguro de buena fe) y me pone: “Si te inventas un mundo de personas con una sola pierna las bicicletas deberían tener un solo pedal”. No te jode el padre Damián. Si tienes huevos me lo dices en la calle. Un solo pedal....
1, 2, 3, 4, 5, respiro.
Ya se me va pasando, pero os quiero poniendo estrellas a porrillo.
Que me recaliento....
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