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Wad Kowli

WAD KOWLI


En 1985 el campo de refugiados Wad Kowli, en Sudán, es conocido como "la ciudad africana de mayor explosión demográfica". Día a día llegan cientos y miles de refugiados tratando de escaparse de la muerte. Día tras día las necesidades y la falta de alimentos y de agua se hacen más dramáticas y desesperantes. La periodista Thérèse Obrecht publicó ese año una nota en la revista Refugiados, donde cuenta el horror de lo que allí sucede. Sebastián Salgado lo muestra en sus fotografías.
Ahora es el año 2003. No sé como ha llegado a Miami esa revista. No sé tampoco como ha caído en mis manos, después de tanto tiempo. Pero estoy sentado a una de las mesas del café Versailles, en la calle 8, cómodamente instalado tomando mi segundo café cubano y fumando un cigarro también cubano, leyéndola.
Afuera el sol de julio es implacable y no tengo ganas de salir. Son las 11:35 a.m. y en una hora más debo encontrarme en mi oficina de Coral Gables con Borinquen Latour, mi socia puertorriqueña, y darle los papeles para la firma del contrato con el Canal 41, pero de verdad no tengo ganas de salir. Realmente se está muy bien en el Versailles.
Dimitri, el mozo, se acerca y me invita con una copita de jerez. Acepto de buen gusto. Mientras espero que pase el tiempo, sigo leyendo.
Miro una fotografía en página 9, que ilustra la nota de Thérèse, donde pueden verse a veinte personas, alrededor de una fogata, esperando por lo que seguramente será su único alimento del día. Todos están vestidos con harapos y se les nota el cansancio y el desasosiego en los ojos. La fotografía es conmovedora, sobre todo para mí, que me veo mirarla cómodamente instalado en un café de la opulenta Miami...
Algo me llama la atención. Cuento mejor y compruebo que detrás de dos niños con el vientre hinchado por los parásitos asoman también un par de ojos más. Nada más que un par de ojos. Es todo lo que se ve de la persona tapada por los niños...
Es raro, yo conozco esa mirada. La he visto en alguna parte y no hace mucho. ¿Cómo puede ser?...
Reparo en un hombre, un hombre blanco, elegantemente vestido de traje, que está sentado un par de mesas más allá, mirándome fijamente. ¡Es él!. ¡Es el hombre de la fotografía, sus mismos ojos!... No puedo creerlo. No puede ser. Me levanto y voy a su encuentro. Tiemblo un poco y no lo puedo evitar.
-Sorry, mister, do you speak spanish? –le digo con mi pésimo acento argentino.
-Sí, no se preocupe. Hablo y entiendo cualquier idioma...
No me extraña su respuesta. Le muestro la revista, la fotografía, y le señalo los ojos que he visto.
-Sí, soy yo –me dice.
-¡...!
-Aprendimos a sobrevivir, eso es todo. La muerte estaba sobre nosotros, esperando por nosotros. Tuvimos que aprender...
-¡...!
-Mire ahora otra vez la fotografía. Fíjese en el hombre que está parado a la derecha de la niña del turbante y con un collar de dientes, casi en el extremo... ¿Lo ve?... El que tiene los pies cruzados y con sandalias. Se llama Nyala. Por favor, no olvide el nombre, Nyala...
-Sí, lo veo –le digo, todavía temblando.
-Mírelo a los ojos. Mírelo bien...
-Sí, lo veo...
-Adiós –me dice- y recuerde que, de verdad, no es nada personal. Es sólo supervivencia...
Me siento mareado y débil. Hay olor a humo y a polvo y el calor de pronto se ha hecho insoportable. La transpiración me corre por todo el cuerpo y me siento mal olor, como si no me hubiera bañado en semanas. Tengo sed. El estómago me duele de hambre. Cuando me recobro un poco miro alrededor.
Estoy en Wad Kowli…
Mi nombre es Nyala.


Texto de vaerjuma agregado el 22-10-2004.
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