PERDER LA CABEZA
Pasó una vez de un día que Luis Marechal perdió la cabeza mientras soñaba un sueño. Fue un sueño deseado y buscado durante muchos años, en el que hizo el amor una y otra vez, salvajemente, desesperadamente, con las hermanas Estela y Norita García. Se dio cuenta a la mañana, cuando fue a lavarse la cara y no la encontró.
Acerca de ese sueño, de lo que pasó exactamente durante ese sueño, Luis Marechal no tiene una saludable memoria, ni suele dar buenas explicaciones. Primero, porque no puede recordar nada, ya que su juicio se fue con la cabeza. Y segundo, porque la boca también se le fue... Apenas si sabe lo que siente su corazón, y con eso le basta y le alcanza.
Bien pueden haber sucedido varias cosas, y las mismas serán lógicas o ilógicas, según el análisis de quien las mire. Pero desde ese día, o por mejor decir, desde el despertar de ese día, el amor por fin es el dueño absoluto de Luis Marechal sin que él pueda hacer nada por evitarlo, sin que tampoco quiera evitarlo. Acaso sea esa la causa de su andar por el mundo sin cabeza. Seguro es así...
Lo esencial es que a Luis Marechal no le importa en absoluto andar por el mundo sin cabeza. Si bien es cierto que tiene algunos inconvenientes, está convencido de que hace una vida más o menos normal, no muy diferente de la que hacía hasta antes del sueño glorioso. Por otra parte, sabe que nunca fue bien parecido y, además, que se estaba quedando pelado sin remedio.
Otros serán los encargados de explicar los hechos biológicos, o físicos, o mágicos, posible o no, y argumentar a favor o en contra de vivir una vida sin cabeza. Para Luis Marechal eso es apenas una nadería. Una noche sublime soñó que hacía el amor una y otra vez con las hermanas Estela y Norita García. Y una cabeza perdida así es poca cosa, apenas una cabeza. Un sueño, hecho realidad en un sueño, vale muchísimo más.
|