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Inicio / Cuenteros Locales / vaerjuma / Pacto quebrado

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PACTO QUEBRADO


(1)


Los espejos, ya se sabe, son una puerta, otra puerta, hacia un mundo parecido al que estamos pero que no es éste. Un mundo que tiene que ver con una magia imprecisa, con alguna despareja dimensión impenetrable, con otro lugar, ajeno y quizás bifurcado.
Mucho se ha dicho y escrito sobre esto, así que no ahondaré en detalles ya harto conocidos. Tan sólo diré que Gerardo Sauca, siguiendo un aguijón intuitivo que nunca supo o nunca quiso explicarse, buscó toda su vida y en cuanto lugar tuvo chance y pudo, el espejo oportuno para escapar de su suerte y comenzar una vida nueva. Y un buen día, sin proponérselo, se tropezó con él. Ese espejo buscado una y otra vez estaba en el baño de la casa de Oscar Ijalba. Lo descubrió una madrugada de un día gris y lluvioso, como debe ser.
Los hechos, según suele contarlos él mismo cuando tiene un par de copas encima, sucedieron más o menos como voy a contarlos yo ahora. Las palabras y las dispersiones innecesarias son de mi exclusiva responsabilidad...


(2)


Sauca entró al baño a lavarse la cara para ahuyentar el sueño y poder seguir con la partida de truco que iba perdiendo escandalosamente, cuando se miró en el espejo y se dio cuenta de que era el que buscaba desde siempre. Hasta hoy no puede precisar por qué, pero supo que era ése.
El espejo, en realidad, era un trozo maltrecho de espejo, de forma asimétrica y puntas peligrosas que Ijalba había encontrado en la basura de un vecino de apellido Tabares, y que había juntado y llevado a su casa sin ninguna necesidad, sólo por el mero hecho de acumular porquerías de la calle, como era su manía.
Sauca cerró la puerta con una frágil trabita de madera, se miró nuevamente con un brillo de triunfo en los ojos, y sin protocolo o preámbulo alguno le habló a su propia imagen con cierto tono sobrador.
-¿Cómo hago para entrar? –le dijo.
-...
-Che, te pregunté algo y me gustaría que me contestés. No te hagás el boludo que ya me di cuenta de todo, y vos sabés que me di cuenta –insistió Sauca.
-...
-¿Cómo hago para entrar? –repitió.
-No se puede. No podemos haber dos del mismo lado –le contestó, por fin, su imagen reflejada, el otro.
-¿Ah, sí?... Hagamos un pacto, como me han dicho que se debe hacer, y te cambio de lugar, entonces.
-No sé, es complicado... Lleva su tiempo.
-¿Qué hay que hacer? –se irritó un poco el Sauca de este lado.
-Hay ciertos rituales, y también son necesarias algunas renuncias indispensables y tal vez amargas –le contestó el otro, impostando un aire de reserva.
-¿Qué rituales, qué renuncias?... Dale, largá todo de una buena vez...
-Cosas...
-¡La puta que te parió, largá todo carajo!...
-Bueno, la cuestión es así...
No pudo seguir. Uno de los jugadores de la partida de truco, el “Gordo” Cristian Carossini, empujó bruscamente la puerta haciendo saltar la traba, y el vacío que se produjo hizo que el espejo zafara de su enclenque ganchito y cayera, desparramándose en añicos por todo el baño.
-¡La concha de tu hermana, “Gordo”! –gritó Sauca, desencajado y casi al borde de la desesperación.
-¿Qué te pasa, hermano? Disculpame, no sabía que estabas vos.
-¡Qué hiciste!... ¡Se rompió el espejo!
-¡Uy, el espejo, qué cagada! Son como siete años de mala suerte, ¿no?...
-¡El pacto!.
-¿Qué pacto?...
-¡Quebraste el pacto, pelotudo!.
-¿El pacto también?... Bueno che, no te calentés que Oscar va a encontrar otro. Si siempre anda buscando inmundicias en la basura de los vecinos...


(3)


Sauca estuvo preso 22 años en la cárcel de Gualeguaychú. Nada pudo hacer su abogada defensora, la prestigiosa penalista Graciela Delmonte, ni aún alegando “emoción violenta”. El fiscal hizo especial hincapié en la forma alevosa, sádica, prolija y metódica en que el acusado incrustó los vidrios, aún los más pequeños, en los cuerpos de Carossini y de Ijalba, formando las letras “B” y “J”, respectivamente, después de matarlos a golpes con una pata de mesa labrada, muy bella, también recogida de la basura por el segundo de los occisos, según consta en los autos del juicio.
-¿Por qué esas letras, Sauca? –le pregunté la primera vez que charlamos.
-La “B” por boludo... Por abrir la puerta sin llamar... Porque hay que ser un gran boludo para no darse cuenta de que el baño estaba ocupado, ¿no?...
-¿Y la “J”?...
-La “J” por gil. Por no entender que el espejo que juntó era una puerta mágica. Y por haber puesto esa trabita de porquería en el baño...
-Gil, según yo sé, se escribe con “G”, Sauca...
-Ya sé... Pero en ese momento de calentura no me di cuenta...
Hizo un silencio largo que no quise interrumpir y se tomó el resto de la botella de vodka que habíamos comprado y que estábamos tomando, sentados en el cordón de la vereda de una calle elegida al azar para hablar tranquilos.
-Siempre me voy a arrepentir... –dijo por fin.
-¿De haberlos matado?...
-¡Nooo!... De haber puesto la “J” en vez de la “G”. Es una vergüenza que voy a arrastrar para toda la vida. ¡Cómo no tiene en cuenta la ortografía uno en ese momento, ¿no?!...

Texto agregado el 22-10-2004, y leído por 233 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2007-07-26 03:52:17 jajajajajajaja. Me encantó! Sabés que está muy, muy bueno no? Casi, casi, como la vida misma! un abrazo montevideana< /a>
2005-08-01 15:12:31 Yo también utilicé el recurso de los espejos en mi primer relato. Me ha llamado la atención que utilices un apellido tan poco común como el de Sauca. De dónde lo sacaste? Andreu Sauca info@asauca.net www.asauca.net asauca
2005-03-31 18:24:34 Excelente. La forma de relatar las historias es tan prolija que por enredado que quieras ser se entiende todo. Felicitaciones y van mis 5 * jorval
2005-02-09 20:43:05 Me encantó tu cuento, te voy descubriendo de a poco, el final estupendo merche
2004-11-20 19:37:20 Jjjjjjjjj, lo de la importancia de la ortografía llevada a extremos tremendos!!!!. Como siempre, tus finales me sorprenden. La lectura de tu cuento me ha recordado un sitio al que iba cuando era pequeña "La casa de los espejos mágicos", en un parque de atracciones. No sé si existe todavía, si vienes por aquí lo averiguaremos y te diré que pensaba yo allí. Me ha gustado el cuento, 5 estrellas y 1 beso. Eulba
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