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Inicio / Cuenteros Locales / vaerjuma / El hombre del saco azul

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EL HOMBRE DEL SACO AZUL


El hombre del saco azul cruzó la céntrica calle distraídamente, mientras pensaba en esos asuntos que debía completar en la mañana.
Distraídamente también, y mientras apuraba un poco el paso, prendió su décimo cigarrillo del día, negro y áspero, y llegó hasta la otra vereda.
La mano que lo tomó del brazo, apretándolo no muy fuerte por el codo, apareció de repente, como si viniera desde ninguna parte, sorprendiéndolo un poco y sacándolo bruscamente de sus pensamientos, pero no se asustó.
-Necesito su saco, por favor...
-¿Cómo?.
-Su saco. Lo necesito...
-¿Mi saco, dice?.
-Sí, su saco. Este saco azul que lleva puesto. Lo necesito...
El hombre del saco azul miró con desaprobación la mano que apretaba su codo ahora con un poco más de fuerza y pensó que el pedido era una impertinencia. Sacudió su brazo y dio un par de pasos tratando de alejarse de esa situación incómoda, de ese pedido sin sentido, sobre todo a esa hora de la mañana y con tantas cosas por hacer.
No pudo alejarse mucho. Escuchó otra vez a la voz insistiendo:
-¡Le digo que necesito su saco!...
Miró su brazo, acomodó su mejor cara de enojo, y marcando bien las palabras para dejar en claro la profunda molestia que sentía, dijo a su vez:
-Disculpe, pero habiendo tantos tipos en esta misma vereda y con sacos mejores que el mío, y hasta con trajes, ¿justo necesita éste?.
-No es un capricho, quiero que lo entienda. Necesito su saco azul. Este y no otro. El mismo que lleva puesto y estoy tocando. ¿Entiende?...
El hombre del saco azul, suavizando su gesto miró con más detenimiento la mano que lo aferraba. Tenía los dedos largos y finos, muy cuidados, como los de alguien que no está acostumbrado a trabajos toscos. Las uñas estaban cortas y limpias. Las venas del dorso eran delgaditas, casi femeninas. Transpiraba un poco.
-¿Por qué?.
-Me gusta el azul...
-¿Por qué?.
-Me gusta...
-Mire, allá va otro de mejor calidad. Pídalo.
-No. Quiero éste ¡Este!...
-Mire bien, es azul, como el mío. Mejor que el mío. Fíjese la calidad de la tela y el corte y los botones...
-¡Este, dije!...
-¡Ah no, además con pretensiones, no! Por favor, no insista, tengo cosas que hacer. Deje de molestarme de una vez o me voy a enojar en serio.
-No.
-¿No qué?...
-Quiero el saco. Démelo ahora y me voy. Lo prometo...
El hombre del saco azul agarró con fuerza y un poco de asco a la mano que lo agarraba, forcejeó, logró quitarla y la arrojó lo más lejos que pudo. Se acomodó un poco sus ropas y después siguió su marcha.
-¡Qué mano de mierda! -dijo- ¡Como si uno no tuviera cosas que hacer!.
Y prendió su cigarrillo número once. Negro y áspero.

Texto agregado el 22-10-2004, y leído por 348 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-05-16 00:26:04 de éste me quedo con el talento para narrar, el manejo de la tensión está impecable, pero me quedé con ganas de más cuento! eride
2007-07-13 04:07:08 se ve que el tipo no era "mano abierta", al final no le dio el saco! jeje. Me gustó! un abrazo montevideana< /a>
2006-06-03 08:04:17 Este fue el primer cuento que te leí. :) Hace demasiado, ya. Aniuxa
2006-01-31 02:18:46 Impresionante los sucesos que acontecen entre prender un cigarrillo y otro. Felicitaciones por el texto. Es bueno. _chamalu_
2006-01-29 00:46:35 Yo le hubiera dado el saco azul porque esa es la mano que vuelve. Mis * rumel
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