EL BUEN ENTENDEDOR
No sé, pero seguramente le va a faltar la última sílaba y el cuento quedará inconclu
Juan Carlos García Reig
“Ultimo cuento”
Eran casi las 12 del mediodía, hacía frío y amenazaba llover ese día de junio, y Pablo Stein quería terminar de una vez con su trabajo en la ferretería. Estaba cansado y le dolía la cabeza... El cliente llegó justo cuando iba a cerrar la persiana:
-Estamos cerrando –dijo Stein.
-Disculpe, es urgente. Necesito un par de cosas para terminar un laburito...
-Bueno, sea breve, por favor...
-Está bien... ¡Qui... zás!.
-¡...!
-Ya está… ¿No me pidió recién que fuera breve?... –dijo el cliente, entre socarrón y mañoso.
Stein lo miró fríamente, y sin decir una sola palabra subió un poco más la persiana que estaba por bajar, entró y dejó entrar al cliente, fue hasta el depósito con una caja que juntó de un estante y al rato volvió con el pedido, el que enumeraba a medida que iba dejando sobre el mostrador.
-QUInce tornillos de dos pulgadas para madera, un tarro de cola de carpintero, un codo para desagüe, cuatro agarraderas de metal regulables, una caja de Póxipol, medio kilo de masilla y un juego de destornilladores de cinco pieZAS... ¿Está todo?.
-Es... está bien, está todo, sí, sí... -dijo el cliente, atónito- ¿Cuánto es?...
-Después me lo paga. Estoy apurado y me duele la cabeza...
-¿Cómo sup...?
-¡A buen entendedor, mi amigo!...
El cliente se fue con los ojos asombrados y la promesa de pagar al día siguiente.
Mientras cerraba todo con cuidado y echaba la llave correspondiente a los tres candados, Stein se dijo por lo bajo:
-¡Este boludo que se hace el vivo se piensa que yo tengo 20 años al pedo en el negocio!...
|