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La camiseta de San Lorenzo

LA CAMISETA DE SAN LORENZO

La tarde era una de esas tantas tardes de mayo en Concepción del Uruguay, con un color indefinido en el cielo y algunas nubes ralas que no servían para nada, deshilachadas y como dedos flacos y largos. Una tarde desabrida, que ni siquiera llegaba a triste.
Gustavo Sirota estaba sentado a la mesa destartalada de siempre en "El Gasómetro", el bar de siempre, al lado de una de las ventanas que dan a calle Mitre, cerca del puerto. La Marcela con pomelo se le calentaba, demorándose en el vaso sucio y estropeado que el "Sapo" Lacava le había servido de mala gana, como era su costumbre y a pesar de tenerle cierto afecto. Pensaba en algo importante, o eso parecía. No había más parroquianos, salvo que Lorenzo, su perro, sea considerado como tal.
Poco a poco fueron llegando los otros, todos "cuervos", hinchas del glorioso San Lorenzo de Almagro: el "Marqués" Marcelo Ramón de Urquijo, el "Negro" Cáceres, Daniel Acosta, Pablito y Manuel Salomone, el cubano Pallí, el "Sapito" Luna y Hugo Barreto, que ya estaba medio borracho y pidió enseguida una cerveza con Uvasal... Cada uno ocupó el lugar de costumbre, pidió la bebida de costumbre (salvo Barreto) y cada uno, a su turno, hizo los comentarios de siempre y las bromas acostumbradas, malas, gastadas y soeces.
Sirota no habló ni para saludar y siguió en lo suyo, ajeno a lo que pasaba a su alrededor y sin tocar su vaso servido. De pronto hizo un ademán con la mano como pidiendo atención y, ante el estupor de todos, dijo:
-Lo voy a ir a matar a Mario Barberán, voy a hacer un dibujo de Luis Salvarezza acariciando el lomo de un guazuncho y después me voy a ir nadando hasta Buenos Aires...
-¿Qué? -dijo Daniel Acosta, compadre de Barberán.
-Que lo voy a ir a matar a Mario Barberán, voy a hacer un dibujo de Luis Salvarezza acariciando el lomo de un guazuncho y después me voy a ir nadando hasta Buenos Aires...
-¿Y por qué?, si se puede saber -siguió preguntando Acosta, con alguna ironía en la voz.
-Porque es hincha de Huracán. El único hincha de Huracán que conozco en Concepción del Uruguay...
-Eso puedo entenderlo, chico, y hasta se me ríe el culo de gozo, iá tú sabe... Lo que no entiendo es lo de irse nadando hasta Buenos Aires -acotó el cubano Pallí.
-No, eso es porque tengo ganas nomás. Nunca nadé hasta Buenos Aires...
Todos sonrieron y pidieron una nueva vuelta de copas, menos Barreto que pidió un Alikal porque dijo que el Uvasal era una cagada y lo hacía eructar.
Sobre la amenaza del dibujo nadie dijo nada.
Entonces Gustavo Sirota se levantó de su silla, apuró la Marcela caliente, pagó y se fue. Lorenzo lo siguió unos pasos más atrás, moviendo la cola, cómplice sin saberlo. Los otros se quedaron ahí, mirándolos irse.
Hubo un par de vueltas más.
La tarde siguió exactamente igual, pero poniéndose más vieja.
Como a las dos horas Sirota, sin Lorenzo, pasó corriendo en dirección al río. Iba desencajado, a las carcajadas y con las manos empapadas, rojas, gritando "¡Aguante el Ciclón!", "¡Los cuervos se la bancan, carajo!".
Todos corrieron tras él. Lo vieron llegar hasta el muelle, saltar y nadar río abajo, desparejo y sin estilo. Después no lo vieron más.
Hasta hoy dicen que tenía puesta su camiseta de San Lorenzo. Una camiseta vieja y descolorida con el número 5 en la espalda, que Sirota decía que le había regalado el mismísimo Roberto Telch, a la salida de la cancha, cuando se jugó la final del Campeonato Metropolitano de 1968, en el que “Los Matadores" salieron campeones invictos...
Así cuentan los testigos que pasaron los hechos. Así lo declararon. Y nada indica que no debamos creerles, ni siquiera ciertos datos eventuales que echan alguna sombra sobre lo que sucedió, o pudo suceder, esa tarde. Veamos...
En 1968 Gustavo Sirota tenía 2 años.
A Buenos Aires nunca llegó. O nunca se supo si llegó.
Mario Barberán sigue trabajando en la Dirección de Turismo.
Luis Salvarezza anda bien.
A Lorenzo nunca más se lo volvió a ver en "El Gasómetro".


Texto de vaerjuma agregado el 22-10-2004.
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