UN HOMBRECITO GRIS CON UN SAQUITO VERDE
Cuando Rolando Bel vio a Américo Schvartzman en el vértice de la pirámide de la plaza Ramírez sentado sobre uno solo de sus talones, haciendo equilibrio y con los ojos desorbitados, corrió a saludarlo antes que se arrepintiera.
Se pusieron a charlar y decidieron, de común acuerdo y firmando un acta, que en su conversación dejarían de lado los colores magenta y salmón por difíciles de imaginar adecuadamente, y las palabras envido, sinapsis, tertulia y benteveo porque sí, mientras durara el vino y los cigarrillos tuvieran tiempo de sobra. Soltaron los abalorios que llevaban en las manos, se las dieron, y después se las devolvieron mutuamente, cuidando muy bien de ubicar a cada una en su lugar. Pasado el primer chubasco guardaron las apariencias y sacaron ropa limpia y seca.
Américo desenvolvió una botella del pañuelo, bien fría, y sirvió la primera copa en un vaso de plástico sin derramar una sola gota pero, acaso por la hora impropia, faltó precisión en el brindis. Rolando no pudo hacer sus anillos de humo con el Marlboro que su amigo estaba por encender. Eso bastó para que el rubor subiera a los rostros, lleno de encrucijadas.
La charla comenzó recordando cierto viaje, en el que anduvieron esquivando camiones amarillos en un Citroën blanco por la Ruta 14. El recuerdo no les cayó bien y decidieron regalarlo al primero que pasara, resultando beneficiado el "Perro" Luis Bulens, que andaba por las inmediaciones en una bicicleta prestada y sin inflador. El "Perro" ahí nomás subió al Citroën y se fue de vacaciones consigo mismo a Gualeguaychú, algo que desde hacía rato estaba deseando y no podía realizar, precisamente, por falta de inflador.
La segunda copa se bebió del mismo pico de la botella, por lo que fue imposible e innecesario servirla. Los gestos de ambos fueron evidentes. La hora ahora menguaba.
En eso estaban cuando:
-¡Adiós! -gritó Bel, cambiando de actitud, levantando el brazo izquierdo y mirando por sobre el hombro de su interlocutor.
-¿A quién saludaste? -preguntó Schvartzman, sin volverse a mirar.
-A un hombrecito gris con un saquito verde ¿Lo has visto?... Sale en televisión a veces ¡Y con esta humedad! –contestó Rolando.
-¡Qué absurdo! –dijo Américo, y se fue a contramano por 9 de Julio hasta la continuación de Ameghino, dando por terminada la charla y con saltitos de grillo apoyados en el aire.
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