Es una maraca. Un ciclón. Un verde intenso. Una
escalera que termina dentro de un frasco, un vidrio
que nunca sanará de la pérdida majestuosa hecha por tu
palabra. Una acción de beber y tragar moscar y flores.
Indetenidamente.
Pueden empaparla, sacudirla, besarla con dientes y
tacto, total es una mujer de lengua fértil, a ustedes
le va a dar risa la manera en que se pierde en la
profundidad del Nilo. Nunca cometería un acto brutal,
nunca los haría doler, bajarían la calle siempre con
las manos atadas, con los ojos vendados, con el alma
marcada con trocitos de arroz, pero digo arroz no digo
armas. Ella nunca se manejaría con las armas secretas.
Es una mujer recién salida del agua. Una máscara
latiendo al salir de entre los peces.Una pronunciación
de confesiones al oído sin decir una palabra, o sea,
ella vendría a vengar la madre y el padre. Ella viene
a decirle al vientre de su otra mujer que se
tranquilice, que en algún momento vendrá la calma, que
nunca nadie se podrá secar, que toda el agua que trae
en la noche es para no permitir la sequía,
principalmente la de su voz.
Es una hoja levantándose, un reptil renegando con su
presa, una hendidura carnal importante, un mar donde
no cabe más que un cuerpo, su cuerpo, sus pies
líquidos que nunca se secarán, porque siempre
caminarán por el borde, por el caliente y húmedo borde
del destino.
Verónica Natalia Cento |