Ahora no, Ares
Fuiste adorado y necesario
fuiste objeto de culto
la superstición te elevó a lo más alto
te llevaron en el alma los soldados
y en la tripa sus mujeres. Solas.
Ellos luchaban confiados
porque Ares les patrocinaba,
si, peleaban todos pudiendo
dejar la guerra. Seguir viviendo.
Eras imprescindible.
Hoy con el Dios decrépito
solo un ejercito tiene sponsor
solo uno que decide si ganar aquí
si arrasar allá, si viven unos y
si mueren otros.
José María de Benito
Aguadulce, noviembre de 2004
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