Una mirada
para abatir el albatros
V.Huidobro
Lo veo volar en mi entorno, conquistando el espacio con sus grandes alas, la brisa del mar lo hace planear arrogantemente hasta descender sobre la baranda de troncos anchos, que simulan un atracadero de barcas. Es el albatros que anda de paso, merodeando: desde hace tiempo está enamorado de una hembra, que estática y fría vigila el horizonte, y sólo espera el alba y el atardecer. No obstante, el Diomedea no se derrota y continua con sus cortejos, y celosamente amedrenta a quien se le acerqu, con su largo pico y sus gritos pavorosos. Aguarda que su nívea Raspunzel le done su trenza para treparse con sus intenciones, convencido de que será la compañera perfecta para su itineriario al sur.
¡Pobre albatros: vuela, vete lejos!, todavía no sabes que esa hembra que amas, es una ilusión, una vana promesa, ¡es una añagaza tallada en madera en los troncos de la baranda!...
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