Cuelgas el teléfono y de repente es como si estuvieras hecho de humo, de ese humo de leña vieja que pesadamente se esparce por la habitación y toca cada pared, omnipresente y desnudo.
Tomas la libreta de apuntes y garabateas algunas oraciones incoherentemente poéticas que verás mañana por la mañana, para darte cuenta de que tan solo son basura literaria, provocada por la embriaguez del amor que embellece hasta el escrito más estúpido.
Vuelves a ese estado primigenio de felicidad infantil, absurda y perfecta, mientras recuerdas su cabello, sus labios y su nariz, que tantas veces chocó con la tuya mientras se besaban en silencio y hacían planes de libertad, playas y paletas heladas de limón.
Y finalmente te tumbas en la cama mientras la música vuela por la habitación cerrada “black eyed angels swam with me” y una vez más no eres nada, mas que un hombre que en silencio se hace humo y vuela por los aires para acariciar con sus dedos imperceptibles los labios de su amada.
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