A mi papi Jaime, mi mami Marta, mi mami Pity (Abuelita)
Mis hermanos Daniel y Alejandro.
Mis hermanas Ma. René y Martita.
Sin su amor incondicional esta prosa jamás hubiera sido.
Llegó con la mochila al hombro, con una mudada de ropa y una maleta intangible de mas de veinte kilos de tristeza, amargura, fracasos, humillaciones y desamor.
Un sobrepeso que deformaba su cuerpo, maquillaje en el rostro para ocultar la desesperación más una interminable sed de amor y protección.
Marta supo al instante que su hija sufría el mas viejo y devastador de los males, el mal de amor.
Lo supo con sólo fijar sus ojos negros en la clara mirada que no sabe mentir y la hija pródiga se desarmó en sollozos en los brazos que la acurrucaran y en el pecho que la amamantara.
Conforme las horas pasaban, había que alistarse para la prueba de fuejo y era la de enfrentarse al padre, cómo decirle del fracaso.
Cómo evitar el veredicto de divorciada sinónimo de prostituta para una sociedad que "Todo" lo permite siempre y cuando sea bajo el sacramento del "matrimonio", esa era la esperada respuesta...
pero !cuán Equivocada estaba aquella hija!
Pues el padre abrigó a la niña y mujer.
Manteniendo la conversación franca, directa, borrando la línea de parentesco, le dijo exactamente lo que debía hacer para recuperarse de aquel golpe.
"Ahora estás caída, necesitas reponer tus fuerzas y qué mejor lugar que tu hogar".
Inmediatamente padre, madre, hermanos y hermanas formaron un cerco de protección, el más fuerte de los defensivos contra toda inundación.
Dragaron y dragaron durante muchas lunas, hasta hacer aparecer a la hija, a la hermana, a la mujer que conocieran, fuerte, risueña, coqueta y con ganas de vivir.
La mochila que trajera, hoy pertenece a un oscuro pasado en el que se entremezclan el amor y el olvido.
El refugio permanece firme como árbol milenario.
Cuántos y cuántos refugios habrán, mas los hijos e hijas pródigos volvemos siempre nuestros pasos a la raíz, fuente y explicación de nuestros días.
Dejamos la mochila.
Volvemos al Refugio!!!
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