La pequeña en la cama, rígida, angelical, con las mejillas bañadas de tristeza y dolor que no entendía. Él se había procurado conseguir lo mejor, la más ingenua, para hacerla a su gusto; moldearla como un escultor a su obra.
Ya o había más remedio que aceptar ese destino, ella sabía sólo obedecer...sólo eso. |