La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Obladiah - 'Julian in love'


Julian in love

En la cabeza tenía una tormenta de confusión, tal vez no debería haber dejado la medicación tan pronto. Y todavía tenía que escribir el final del puto cuento que le habían pedido para la revista. Se encaminó hacia el estudio arrastrando los pies. Enchufó el ordenador, se quedó mirando la pantalla tristemente sin que se le ocurriera nada. Estaba demasiado solo. A lo mejor era verdad lo que le decía Makea y lo que necesitaba era una novia, pero dónde encontrarla. Por un momento deseó que existiera una página web en la que pudiera colgar sus relatos y con la excusa de comentar cuentos poder pasarse el día ligando con escritoras de todo el mundo. Pero soñar no servía de nada, pues aún no se había inventado un lugar así. Resignado, volvió a apagar el ordenador y salió a dar una vuelta. Recordó que su madre le había dicho que tenía que comprarse unos pantalones.
Cómo odiaba ir de rebajas, nunca encontraba nada que le sentara bien. Julián fue deambulando de tienda en tienda, cada vez más desanimado, hasta que entró en la boutique más pija de Castellón donde una hermosa dependienta le dijo:
–¿Quieres que te ayude?
Normalmente Julián hubiera rechazado cualquier ofrecimiento de ayuda, pero esta vez contestó tímidamente:
–Estaba buscando unos pantalones.
Al instante la joven encontró unos pantalones de su talla. Julián entró en el probador. Unos minutos después, desde el otro lado de la cortina, la dependienta le pidió por favor que saliera. Al vérselos puestos la joven dijo maravillada:
–¡Oh, qué bien te quedan!
Inmediatamente llamó a otra dependienta para que contrastara su opinión.
–¡¡Jo, te quedan superbieeen!! –le dijo la otra dependienta.
Julián se emocionó bastante y decidió comprarse los pantalones.
A partir de entonces no pudo dejar de pensar en aquella dependienta y en la sonrisa que le había dedicado justo en el momento en que salía de la tienda. A veces sufría al pensar que quizás los elogios aquella chica no eran fruto de una admiración genuina sino de una fría y cruel estrategia comercial cuyo único objetivo había sido persuadirle para que comprara unos pantalones. Entonces pensaba que a lo mejor ella no le amaba y se ponía a llorar. El martes volvería para recoger los pantalones. Tenía que decirle algo a aquella chica, ¿pero qué? ¿Sería capaz de conquistar el corazón de una pija? Por lo menos tenía que intentarlo.
El martes, cuando Julián entró en la tienda, ella estaba detrás del mostrador. Julián le pidió los pantalones y mientras se los envolvía le preguntó su nombre. Se llamaba Marta.
–Mi nombre es Julián –le dijo él–, pero puedes llamarme Jota, DJ Jota.
La chica se quedó verdaderamente impresionada. Julián aprovechó para hacerle una demostración de flexiones. Hablaron de las sesiones de aerobic de ella y de lo buena que era la música mákina. De improviso, ella le preguntó:
–¿Qué opinas de la poesía de Leopoldo María Panero?
Y luego le dijo que por ser pija que no se fuera a creer que era una ignorante. Él le contestó que en ningún momento se le había pasado por la cabeza. Así que quedaron al día siguiente en la filmoteca para ver una película de Tarkovski.
Julián enamorado fue corriendo hacia su casa muy feliz y encendió el ordenador, al fin había encontrado la inspiración para el cuento.


Texto de Obladiah agregado el 15-11-2004.
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