Para ganarme la vida plagiando a Faulkner me he visto obligado a viajar mucho. Hasta 1950, año del maldito premio nobel, pude vivir cómodamente en Paris donde publiqué con bastante éxito “¡Absalom Absalom!” y “Las pameras salvajes”, pero las traducciones me obligaron a primero a refugiarme en España, después en Marruecos y finalmente en un país africano cuyo nombre no puedo revelar. Aún así, soy optimista y creo que pronto volveré a España, pues he presentado ¡Absalom Absalom! al premio planeta y, de momento, ya estoy en la final. |