Yo no iba a salir y Ana se quería ir a dormir pero Marta me dijo, ¿nos tomamos la penúltima? y yo, claro, claro, por qué no. Poco después ya estábamos en el coche emocionados, de cabeza al Natural. La Marta nos dice que si nos importa que pille coca y nosotros, no, qué nos va a importar, vamos a pillar coca, claro que sí. Marta mete el coche por entre los huertos, hace un cambio de sentido, se mete en un caminillo superoscuro y avanzamos por él hasta que vemos unas luces. ¿Qué es eso? ¡Son coches de policía! Y nosotros allí fumándonos un porro. Ana, toda histérica, me lo tira encima. ¡¡Apagalo apagalo!! ¿Por qué os dirigíais hacia un punto de venta de droga? No, no, nosotros íbamos al Natural. Estábamos acojonadísimos. La Marta no llevaba el seguro, ni el carnet del coche, ni nada y el coche oliendo a porro que te cagas. En eso que uno de los polis me reconoce. Oye, tú eres casi de la casa, ¿no? ¿Tú no eras el intérprete de la comisaría? Estuve a punto de decirles que sí y que me habían mandado en misión especial. Casi le digo eso de saluda a Miguel Ángel de mi parte cuando lo veas y tal... ¿Que de parte de quién? Del intérprete farlopero, claro. Y Ana haciéndose la tonta, que si nosotros somos unos pringaos, que si no tenemos na que ver con las drogas. Bueno, la niña tenía un pedazo pedrolo en el bolso que no te pues ni imaginar y no hacía más que intentar cerrar las puertas, con el rollo de que se las iba a llevar algún coche por delante, para que no miraran dentro. Bueno, la Marta, ni carnet, ni ITV, ni seguro, ni nada de nada y, claro, la hicieron soplar. Seguro que daba positivo, por lo menos llevaba cuatro birras en el cuerpo. Pero el poli con el que Ana y yo hablábamos nos dice que no le iba a pasar nada, que si fuera yo se me caía el pelo, pero con lo buenorra que estaba mi amiga, seguro que el nacional le hacía la vista gorda con el alcohol, si ya se lo había dejado pasar todo. Y Ana le pregunta ¿y a mí me lo dejaría pasar? Y el tío: Mmm, a ti no sé. Y Ana: ¡pues no es justo! (Buen momento para ponerse reivindicativa). Pues vete a discutirle, le dice el poli. No, da igual. Pero a Ana aún le dio tiempo de pedir que le dejaran mirar la furgoneta del control de alcoholemia y de soltar no sé cuantas paridas malas más. La Marta no dio positivo, por los pelos. Y cuando al fin pudimos irnos con el coche la tía nos dice, joer, va a haber que ir a por farla a otro sitio, ¿os importa? Y nosotros, ¡noo, qué va! |