Despertar Indálico
Al planear distingo
entre la bruma matutina,
entre el silencio de un aire quieto,
aire sin despertar, en duermevela,
descalzo sobre la cama de bruma
que quiere desperezarse y
quitar la presión para que debajo
se mueva el aire y se escuche
el viento.
El viento sonando tenue y pausado,
silbando sobre el litoral remoto
que se oye por doquier.
Ese litoral que doma los sentidos
y que nos pone un timbre
con sello yodado, que al despertar
el aire se marca blanco y vive.
Aguadulce, octubre de 2004
José María de Benito
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