Dadas las circunstancias de ese desencuentro, de los caminos olvidados, de los deseos no cumplidos y los años ya pasados. Dadas las extrañas relaciones de un amor no declarado y causante de más de un desfallo, tengo que anticipar un peligro aparecido en la vía de mi destino, se escapa el amor verdadero, huye el libre sentimiento, se me va de las manos el amor a cielo abierto, la única esperanza de un hijo, una casa y un perro.
Las palabras de ayer en la noche solo corroboran el fin del cuento y eso de transformar la pasión en amor y el amor en delirio se va apagando como una máquina sin combustible. Es verdad que nadie podrá despojarnos ni los sueños impedirnos, pero aunque con nosotros se queda lo bailado, si se evapora el delirio y por ende el amor.
Y en qué momento se perdió el sendero y se rompió el encanto?
Como siempre pasa en los cuentos de hadas, con un beso. Esta vez el beso del príncipe poeta es el que rompió la ilusión, pero porque no fue dado, porque no llegó a su destino, a mis labios de musa princesa, a mi boca de fresa; el príncipe poeta estaba con otra musa para alimentar sus días e inspirar su canto, mientras yo, la musa princesa, me secaba en los labios las lágrimas que había derramado mientras repetía “él a su musa siempre regresa”. Pero no volvió, se alejó en otros brazos cautivantes que no pude combatir.
Y aunque tantas veces nos repetimos que los amores cobardes no llegan a amores, eso no fue suficiente, ese amor de cuento no llegó ni a historia ya que no será vivido y menos relatado.
Ahora me encuentro sola sin mi príncipe poeta para que inspire mis días y mis ganas de vivir. Y como una musa no vive sin poeta, poco a poco la luz de mi inspiración se va apagando y con ella la dulzura del amor, y es tanto el dolor que ni siquiera tengo fuerzas para buscar un nuevo poeta, siguo pensando que él a mí tal vez algún día vuelva...
Puede que me quede sentada junto al árbol de la improvisación esperando que mi príncipe poeta abra por fin los ojos y se de cuenta de que sin mi la vida no continua.
Aún es increíble que tuvimos la oportunidad de decirnos ese instante, todavía te amo y podemos hacerlo, podemos lograrlo, podemos construir una vida bonita juntos, podemos ver muchos amaneceres desde nuestra cama y podemos dormir y abrazarnos sin preocuparnos por el tiempo, aún podemos... aún podemos... podemos soñar con dos o tres hijos y por supuesto con el perro, pero los dos nos quedamos callados, quizá por miedo a ver llegar ese último momento, fue tal el silencio que casi no logramos siquiera decir te voy a extrañar.
Y el poeta se fue de mi lado de la mejor manera, fingiendo que no es para siempre y que solo por un tiempo se alejará, que es cuestión pasajera, exigida por la madre inspiración; pero hoy sé que mi amado partió hace ya mucho de mi lado y que esa mentira es la que me ha permitido vivir aun cuando en el fondo de mi alma, hace mucho lloro la partida de mi príncipe poeta, el que un día me llamó, mi amor, mi musa princesa de la boca de fresa. |