Dice la niña que hoy no quiere salir a jugar. Que los niños del barrio la persiguen con su honda para lanzarle chapitas de botella. Dice la niña que igual puede quedarse en casa, que la televisión está pasando unas imágenes muy buenas, de unas persecusiones que hay en un sitio llamado Irak o Iraq, no sabe bien como se escribe, se disculpa, pero dice que los soldaditos se mueven rápido, como los niños que corren detrás de ella. Dice la niña que ella no tiene hambre, no abuelita, guarda los panes, ya comí todito el pollo del Kentaki. Dice la niña que Pedrito la está mirando por la ventana y que si puede bajar la cortina para que no le enseñe la honda. Dice la niña que su profesor le ha dejado tarea de religión, pero que ella no entiende qué es la fe, porque la fe no se come y hay mucha gente que se está persiguiendo, como los chiquitos, ves, los que van por la cuadra y los hombrecitos verdes de la tele y los del turbante que hablan como si dijeran lisuras, pero seguro dicen cosas bonitas que yo no entiendo porque soy chiquita. Dice la niña que de adulta no tendrá carro para no perseguir a nadie, porque así no va a crecer y hay cosas que es mejor no entender, porque al menos así parece. Dice la niña que su mami y su papi jugaron anoche a pegarse con la sartén y que lloró porque no la dejaron jugar a ella. Dice la niña que no se quiere casar, porque mejor es quererse como jugando y no pegarse. Dice la niña que la abuelita está apagando el televisor y los soldados están buscando seguramente otro canal. Dice la niña que la abuelita se ha sacado los audífonos y que no la escucha. Dice la niña si ella puede sacarse los ojitos y así no ve ciertas cosas, porque hay cosas que es mejor no entender, o que al menos así parece |