Hay cosas que la hipocresía popular te impide decir o pensar, cosas que la doble moral a la que se está sometida no permite hacerlas a la luz del día e incluso fuera de la mente. Cosas prohibidas en nombre del amor. Pero en el infinito mundo que es cada persona, ¿quién sabe cuáles son los límites del amor?
¿Por qué sujetarte a reglas de compromiso o licitud si no conoces la realidad del otro? O es que estamos acostumbrados a juzgar solo por nuestro universo personal, o peor aún por el universo personal de falsos patriarcas que dictan las leyes de la sociedad. ¿Qué te impide caminar por el camino que tu crees correcto? ¿Acaso Dios no nos dio la libertad de elegir el bien?, pero nuestro propio bien, no el de terceros a tus costillas, o peor aún de segundos a tus expensas.
Yo me pregunto entonces ¿hay sacrificios en nombre del amor?. Sí hay sacrificios pero no en el nombre del amor, porque en el amor no hay sacrificio, hay servicio, servicio que no te cuesta ni te duele, porque eso es el amor. Si te sacrificas puedes estar movido por la pasión o el cariño, pero no por el amor. Lo que sucede es que su nombre ha sido tan manchado por las “buenas costumbres” que casi no podemos reconocerlo cuando aparece sucio y humillado en las faldas de una mujer abandonada.
No lo vemos en los ojos de un hombre acobardado y mucho menos en la ambición de los elegidos. Pero está presente y excitantemente más vivo que muchos de aquellos que se escudan en la moral dividida de la gente (árboles podridos que pregonan lo que no tienen y exigen lo que no deben), esa gente que no entiende ni entenderá el verdadero rostro del amor.
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