Despertó como de costumbre en la madrugada para ir al baño y orinar, pero se sorprendió cuando vio frente a la pared un insecto volador que su hobby era cantar rancheras al oído de la gente.
El individuo volador estaba posado justo en la pared más cercana, parecía más bien un cochino volador, aún con el sueño estrujado en la cara no salía del asombro mientras bostezaba, de repente se enfureció en gran manera al verlo muy tranquilo frente a él como si nada había hecho, levantó la mano violentamente para aplastarlo de una sola palmada y dejarlo plasmado en la pared, pero le llegó un pensamiento que lo turbó por completo, que les decía repetidamente:
-¡sangre de mi sangre! No lo puedo hacer.
De inmediato cayó el enfado por el suelo rompiéndose en mil pedazos, desapareciendo el enojo instantáneamente, entonces comprendió: “ la sangre pesa más que el agua”.
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