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la vieja encina

La vieja encina

En medio de un bosque "talado" había una enorme encina que los leñadores habían respetado por su gran tamaño, pero sobre todo porque no había hacha ni sierra, que pudiese cortarla.

Todos los días cuando la ardillita cecilia terminaba sus tareas de recolección de frutos, iba corriendo a su casa, que estaba en el tronco de la encina, se preparaba la merienda , subía a lo más alto del árbol, desde donde tenía unas vistas magnificas del valle, se acomodaba sobre las mullidas hojas y se disponía a escuchar el cuento, que cada día la encina le contaba, siempre novedosos, siempre maravillosos.

Una tarde la ardillita subió como siempre a lo más alto
-Hola amiga encina
Cuéntame un cuento

Pero la encina, no contestaba, pensó que como era muy vieja se estaba quedando sorda, y volvió a decir, esta vez gritando con todas sus fuerzas.
-Hola amiga encina
Cuéntame un cuento.

La encina respondió con su voz tranquila y triste

- no creas que no te he escuchado
es que ya no sé más cuentos

La ardillita, se puso muy triste, y dijo enfurruñada.

- !nooo, no y no!, eso no puede ser.

La encina le explicó.

- todos los árboles del mundo llevan un cuento en su corazón, y todos lo que te he contado los escuche de los compañeros que crecían a mi lado, hace muchos años, (dijo la encina muy apenada) esto fue un bosque frondoso, y como puedes ver ahora solo quedo yo.

La ardillita, se quedó pensativa y preguntó

-Y ahora, ¿que podemos hacer?

La encina se quedó en silencio durante mucho tiempo y finalmente tuvo una brillante idea.

-solo hay una solución, pero eso requiere que tu hagas un sacrificio.
-¿Estas dispuesta?
-Si, si, contestó Cecilia
- haré lo que tu me digas.

-Pues, presta atención
-Debes salir cuanto antes, e irte a los bosques del norte donde mis primos los abetos viven, tienes que ir uno por uno, y cada vez que te cuenten un cuento, lo anotarás cuidadosamente en este gran cuaderno y tu a cambio les contarás los que has ido escuchando cada día.

Cecilia preparó su mochila y comenzó su largo viaje hasta los bosques del Norte,
Corrió por montes y valles, paso frió y calor, sus patitas estaban muy cansadas, pero seguía adelante.

Cuando llegó hacía mucho frió, y ¡OH!, desolación, su vieja amiga se había equivocado ,allí no había árboles, solo unas raras esculturas blancas y frías.

Desfallecida por el cansancio se sentó al pie de una de aquellas extrañas cosas, y como estaba tan triste comenzó a llorar amargamente.

_Tanto esfuerzo para nada, ¡ay! ¡ ay!

De pronto escucho una voz que le preguntaba
-¿Porque lloras?

No sabía de donde venía aquella voz, miró hacia todos lados, pero allí no había nadie, estaba sola.

muy asustada preguntó castañeando los dientes, por el frío, pero sobre todo porque tenía mucho miedo.
-¿Quién me habla?


-Yo, contestó la cosa blanca.

Se quedó muy sorprendida (!aquella cosa hablaba!) se tranquilizó un poco y le explico el motivo de sus lagrimas.

-He viajado muchos días para encontrar el bosque de abetos, pero aquí solo estáis vosotros, aquí no hay árboles.

Y seguía llorando ¡ ay! ay!

La cosa "rara" se reía con tanta fuerza, que de sus ramas comenzó a desprenderse una cosa blanca y muy, muy fría que caía al suelo sepultando totalmente a la pobre Cecilia.

La ardillita muerta de frio y miedo, no podía salir de aquella montaña helada que se le había venido encima, luchaba desesperada para sacar la cabeza y respirar, cuando casí no tenía fuerzas... algo la rescató y... ¡OH! Maravilla, ante si, apareció un precioso abeto verde con pintitas blancas en sus ramas. Que le explicó lo que era la nieve, y el motivo de que él tuviese aquella apariencia, pero la primavera, ya estaba muy cerca y en pocos días todos sus compañeros estarían tan verdes como el...

Ella se puso muy contenta.

Eso fue lo que sucedió, en pocos días, apareció un hermoso bosque de abetos verdes y frondosos.

Durante mucho tiempo (meses), cada abeto, le contaba un cuento, que Cecilia anotaba con mucho cuidado, en su enorme cuaderno, y ella a su vez les contaba, los que la vieja encina, le había relatado durante tantos años.

Cuando llegó al último, su trabajo había terminado, Cecilia tenía que volver a casa, sus amigos se pusieron muy tristes, pero le hicieron un regalo de despedida, le dieron una bolsita.

Como todos los días la ardillita subió a lo alto de la encina.

-Hola amiga Cecilia, dijo la encina con su voz tranquila y alegre.
-Cuéntame un cuento.

Y durante años y años la ardillita Cecilia le relataba cuento tras cuento, pero lo maravilloso de esta historía, es que en la bolsita que le habían regalado los abetos "del bosque del norte", había semillitas y alrededor de la vieja encina había un frondoso bosque lleno de abetos y de cuentos.




Elisa Taboada Rodríguez





Texto de elisatab agregado el 26-11-2004.
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