El lagarto blanco
La oveja Teresa paseaba por el campo cuando se encontró con un lagarto blanco.
-huy! Que lagarto tan bonito, lo voy a meter dentro de mi cestito.
Y como el lagarto estaba despistado, lo engancho por el cuello y lo atrapó por el rabo.
Y sin que pudiese darse apenas cuenta acabó el incauto dentro de la cesta.
La oveja Teresa se fue a su casita, y encerró al lagarto en una jaulita.
La puso muy alta en una alacena justo al lado de las berenjenas.
Y todos los días le hacia cucamonas, aunque el pobrecito no estaba para bromas.
Estaba tan triste y tan asustado, que empezó a ponerse de color morado.
Pero Teresa no se daba cuenta y llamo a sus amigas la mar de contenta.
_Tengo un lagarto, muy rebonito, todo el de color blanquito.
Cuando las ovejas llegaron a su casa, Teresa risueña les abrió la jaula para que pusieran mucha atención y así admiraran su nueva posesión.
Pero las ovejas gritaron aterradas, porque aquel bichito, no les gustaba nada.
Que cosa tan fea, que horrible color dijeron a coro llenas de pavor.
Y este fue el momento en que el buen lagarto salto de la jaula como por encanto.
Y se fue corriendo como un poseso y sin darse cuenta estaba de regreso en su hermosa casa dentro de una col, que le resguardaba del frió y del calor, y en este momento suspiro aliviado, porque de una buena se había librado.
Y aquellas ovejas nunca se enteraron que lo que Teresa les había mostrado no era un lagarto si no un camaleón y que cuando quieren cambian de color.
Elisa Taboada Rodríguez
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