Respira el hábito de todos los días. Ya conoce demasiado bien el monótono recorrido del colectivo. Su cuerpo rebota junto al continuo movimiento.
Una robusta sra. de corta estatura es su acompañante, tiene ese olor a maestra jubilada, esa colonia barata; permanente e inevitable a los cinco sentidos. Su saco, sobre todo los bolsillos, huelen a bolitas de naftalinas, pero el tiempo y las cuadras pasan, y esa mezcla de aromas se convierten ambiente.
Baja en la parada que la deja a pocas cuadras de su casa. Cae en el mar de la reflexión; condenada amiga del ocio, pues de el surgen todos los vicios; "La vigilia se convirtió en un sueño que poco a poco se oscurece, tiemblo, no tengo miedo, y mis lágrimas ya no duelen. La vida conciente se convirtió en un estado neutro, siendo lo que el destino me proponga.
¿Qué hacer cuando el sentido ya no es mas sentido, y uno no diferencia la realidad con lo inconciente? … No hay remedio que alivie su dolor, no odia a la vida ni ama a la muerte; es miedo...
Temor a ella misma a lo que se a transformado, a como el sistema la ha moldeado... ¿hay solución?"
La bocina de un auto, que casi la atropella la vuelve a la realidad.
El “shock” dura hasta pisar el cordón de la vereda, no hay tiempo para razonamientos. La vida esta allí construyéndose con los instantes que la componen.
Las ideas que tiene un adolescente se transforman en memorias, de una loca cabeza que adolece de experiencia cotidiana.
(la verdad no me importan sus estrellas si argumento solo espero que comenten)
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