Este poema-reflexión se lo dedico a mi madre, sencilla y únicamente porque es mi madre.
Cinco estrellas brillan en mi cielo.
Una, mi tierra querida, mi amante secreta.
La que nunca olvido, la que me habita el alma.
La fría, la intratable, la invivible,
la insustituible, la lluviosa Grazalema.
Otra estrella, mi amiga y fiel compañera.
Con su mirada de tierna sinceridad
y su fidelidad infinita,
con sus ojos de estrella.
Hoy te llevo en el recuerdo,
en el alma, en mi interior.
Siempre serás eterna en mí,
mi amiga, mi Candela.
Una también para alguien especial,
ángel, ¿dónde estás?
La he buscado, la he soñado,
la he abrazado y la he querido,
la he besado y la he consentido,
la he anhelado y la he amado,
incluso por ella he sufrido y llorado.
Pero no la encuentro.
Quizás exista mi amor,
quizás no.
Quizás la conozca,
quizás no.
Pero aquí estaré yo,
porque quizás este quizás
deje de ser un quizás
y vengas por tu estrella, amor.
La otra estrella, mi familia, la de sangre.
Y la de alma, mis amigos.
Los primeros son los que son, no hay otros.
Los segundos, ¡qué decir!, siempre están conmigo.
Y mi última estrella, la que más brilla,
la que me dio la vida y me cuida,
la guardo para ti, madre, para ti.
Porque sin ti no estaría aquí,
porque me abrigaste nueve meses
y tanto tiempo me diste el calor de tu seno.
Porque mi instinto te llama
en mis días de soledad,
y también en esos días nublados
donde no encuentro mi lugar.
Porque sé que me llevas dentro
y tu amor sincero llena mi ser,
amor de madre le llaman,
y es lo más bello que puede haber.
Porque soy sangre de tu sangre,
vida nacida de tu vida,
alma nacida de tu alma,
porque me diste el corazón.
Por todo y por más,
la estrella más brillante,
la más grande, la más pura,
te la guardo eternamente…
…mamá…
|