Venían cansadas ya, fue la vista tan hermosa que les consumió los ojos, fueron los recuerdos tan constantes: dos manos, una morena y la otra un poco más clara, juntas, enganchadas, disolviéndose en la vida…
Minutos antes una de ellas estaba cansada de crecer hablándole a sus cosas, ahora no tenía nada que decir, a nadie, a nada… ya tenía el supremo poder del silencio, para siempre, lindas cápsulas azules quedaron regadas por el piso de su habitación, por su estómago.
La otra tuvo un cósmico orgasmo mirando las lindas cápsulas caer, cómo parecían un río de azul, cómo formaban un charco, se transformaban en escarabajos azules, morados, rosas, naranjas, amarillos, verdes, azules… y se le acabó el aire.
Se abrió la puerta y se cerraron las ideas, se dieron pasos y se encontraron a la muerte más hermosa que nunca.
Las fotografías las guarda el médico forense, lo acompañan a la hora de masturbarse, noche, tarde o día… él creció hablándole a las fotografías.
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