CUENTO DE UN MEDIOCRE
En un país muy lejano o muy cercano da igual no es relevante para el desarrollo del cuento había un pequeño pueblo llamado MEDIOCRILANDIA, como podrás suponer todos sus habitantes eran mediocreses, es decir mediocres pero además habitantes de meciocrilandía.
El pequeño pueblo por su tamaño tenía pocos habitantes pero bien avenidos, se dedicaban a básicamente a la pesca de rió y a la agricultura, todos eran artesanos, ganaderos, agricultores y pescadores mediocres, pero no existía competencia entre ellos se aceptaban tal cual, y tenían una convivencia casi idílica.
El pueblo era como todos los pueblos, sus casitas, su pequeña iglesia, sus callejuelas, sus ríos y sus bosques todo ello m..............no voy a repetir la palabra por no hacerme pesada.
Juan (creo que el nombre está bien es sonoro) era un hombrecillo más bien pequeño, moreno, cejijunto, con una enorme barriga, sonrosadas mejillas y un aspecto de buena salud que podría ilustrar la portada de una revista de medicina, tendría unos treinta años, estaba casado con Juana y era padre de Juanito y Juanita (gemelos) esto da igual pero es ilustrativo, Pues bien este hombrecillo de vida tranquila se pasaba seis meses al año construyendo aperos de labranza, su mujer dedicaba el mismo tiempo a tejer mantas con lana de sus ovejas, y los niños fabricaban quesos y mantequilla todos estos productos los vendía en un pueblo que estaba en lo alto de la montaña y permanecía aislado por la nieve seis meses al año.
Cuando apuntaba la primavera llenaba su carro de madera que empujaba su burro Quillo (el nombre del burro le venía por lo de borriquillo, una forma de abreviar) y se ponía en marcha, su oronda mujer y sus gordezuelos niños salían a despedirle al camino con lagrimas en los ojos el hombre no podía menos que emocionarse ante tal demostración de cariño y proseguía el camino secándose los suyos.
Para llegar a su destino Juan tenía que atravesar un pueblo que se llamaba GENIALELANDIA, sus habitantes eran genialeses, pero también geniales desde el primero hasta el último, todo lo que hacían cualquier cosa, era irrepetible única, increíble, por eso existía una gran competencia entre ellos, y su convivencia era inexistente.
Las calles de este pueblo estaban asfaltada de oro puro, los edificios eran de diamantes, los ríos y las fuentes no llevaban agua sino zumos exóticos, genial a que si? Los días soleados no se podía salir a la calle pues el reflejo del sol en el suelo y en los edificios era cegador, cuando llovía el agua sobre el oro lo convertía en una pista deslizante, era todo un poco raro para JUAN, por eso atravesaba el pueblo en días secos y grises
Al pasar por un rió de zumo de papaya y mango, escucho unas voces agónicas,
-socorro, que me ahogo
Comenzó a llegar gente que permanecía impasible al borde del rió gritando
-el rey, se ahoga el rey
(no podían salvarlo porque no sabían nadar, no hacian nada que terminase en ar, excepto las funciones fisiologicas y de reprodución como es obvio) lo demás estaba totalmente prohibido, lo consideraban vulgar y mediocre, por lo que el rey se ahogaba sin remedio.
JUAN no se lo pensó dos veces, se desprendió de sus vestiduras y se lanzó al agua lucho contra la corriente y saco al rey empapado en zumo.
Creéis que esto les hizo recapacitar? .....bueno....algo si, a partir de ese día se promulgo un ley de obligatorio cumplimiento, en que todos los ciudadanos debían salir a la calle llevando en invierno y verano un chaleco salvavidas, ¿no me diréis que no eran geniales?.
A JUAN, lo llenaron de honores, lo invitaron a recepciones en que estirados y estiradas genialeses, los hombre enjutos, tristes, con barbas canosas y voces graves, las mujeres de tez gris aspecto de estreñimiento cronico y narices apretadas como si algo oliese mal y no supieran donde , Juán se aburría mortalmente, en primer lugar porque cuando le hablaban no les entendía, siempre parafraseaban, a Homero, Platón y otros clasicos que le sonaban muy de lejos, la frase preferida de JUAN era la que decía siempre su vecino Jonas "donde no hay mata no hay patata" real como la vida misma.
Intentaban ser amables pero no sabían no tenían costumbre. Incluso le propusieron nombrarlo hijo predilecto honor que declino con toda la diplomacia de que era capaz, por no ser digno, lo que entendieron y aceptaron gustosamente (ellos también lo pensaban)
Finalmente JUAN pudo continuar su viaje, lleno de diplomas, bandas y medallas, de los que se deshizo en cuanto pudo, solo ocupaban sitio en el carro y no servían para nada.
NO BUSQUEIS MORALEJA, NO LA HAY ES UN CUENTO MEDIOCRE. PERO SI LA ENCONTRAIS, CONTÁDMELO
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